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— 483 — secundaban casi siempre las miras ambiciosas de su sefior. Arrastrados por una ambicion desmedida, envidiaban el poder universal que n el érden espiritual ejercian los Papas, y la influencia que éstos tenian en los destinos temporales de los reinos, formados dedas ruinas del antiguo imperio de Roma pagana. Por esa razon, alucinados con el esplendor de su . grandeza humana, se lanzaron a una empresa azarosa, cual era la de deprimira los Vicarios de Cristo, empezando por arro- garse algunas prerogativas, propias vy exclusivas del sumo pontificado. Pero hay que decir que, asi) como el cesarismo pagano se estrellé al fin contra Ja fortaleza de los martires, y en especial con las de todos los Papas que hubo, desde San Pe- dro hasta el predecesor de San Silvestre: asi tambien, revesti- do el cesarismo de las formas hereticales , se habia de estrellar contra la roca de Pedro, quien vivia y vive en los Papas de entonces y.de ahora, asi como vivid y presidié en la catedra apostolica, durante los tres primeros siglos de persecucion. El cesarismo declaré la guerra a las prerogativas de la San- ta Sede, y los Papas, uno tras otro, fueron presentandose como muros de hierro de la casa de Israel, y resistiendo a los ataques de una fuerza impia, que intentaba deprimir una aulo- ridad que viene inmedialamente de Cristo. El combate fué lar- go y rudo: pero sus resultados fueron muy grandes para la Iglesia, y muy beneficiosos para la sociedad misma , como lo ve- remos ahora.

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