BCCPAM000539-2-02000000000000

tiempos de \esterilidad, lo dirémos de tudo (Bee lon al mundo por muchas centurias. Por wna gradacion natural debiéramos concluir’ leat da parte de nuestro discurso, descendiendo al siglo décimoter- cio, en cuya mitad el incomparable Santo ‘Tomas de Aquino compilé con tanta sabiduria las reglas de buen gobierno , los de- beres de los principes, y los del pueblo, como aparece por sus tratados de leyes, y de gobierno, en los cuales sefiala limites a quien manda, de los cuales no debe pasar , si ha de ser prin- cipe cristiano , y conducirse segun las reglas del derecho natu- ral, y las que sefiala el divino en los libros sapienciales y Jesu* cristo en su Evangelio: y del mismo modo, prescribe las re- glas para que los inferiores y los sibditos las observen, obe- deciendo aun a los principes discolos, en cuanto les mandan respecto al bien temporal y para defensa de la religion y la patria. No nos detenemos en este examen, por no hacer mas proli- jo el discurso: pero si dirémos que esa doctrina de Santo To- mas es la misma que se encuentra en la Sagrada Escritura: la que fueron publicando poco a poco los concilios generales y na- cionales: la que se encuentra desparramada en los escrilos de los Santos Padres, y fueron inoculando paulatinamente en las naciones los obispos: la que abrazaron tambien poco a poco los reyes y los pueblos convertidos a la fe: la que vino practi- candose, desde los tiempos de los concilios de Toledo y desde los Capitulares de Carlo-Magno en toda la Edad Media, y por fin , la que los Romanos Pontifices defendieron desde los tiem- pos mas remolos, oponiéndose a las invasiones inicuas de los que , en vez de ser principes piadosos y humildes, se conver- tian en liranos, ora pretendiendo entrometerse en la Iglesia a mandar, y aun ejercer jurisdiccion espiritual, ora abusando de la docilidad de los pueblos, y convirtiéndolos en instrumen- tos de sus ambiciones irracionales,

RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz