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Ciertamente las letras son bien antiguas ea el mundo: entre tanto, cuando Dios mando a Moisés que subiera al monte, don- de le daria escrita su ley, no le dijo que era para que la leyese el pueblo, sino para que él se la ensefase ‘ : ni tampoco impu- so a todoel pueblo la obligacion de leer el libro de la ley, sino la de oirla y la de ensefarla a sus hijos y @ sus nietos *. Ni tampoco mando Jesucristo al pueblo que leyese las Escrituras: supuso y dié por sentado que los sacerdotes, los sabios , los maestros del pueblo sabian leer, -y debian leer para aprender — y ensefiar al pueblo, como consta por varios lugares del Evan- gelio: y no solo lo supuso, sino que mandé a estos sabios, que escudrifiasen las Escrituras, para que Viesen el testimonio que estas daban de él *. Pues bien: asi como cada hombre aprende por el oido la lengua materna, sin saber su sintaxis, ni su lenguage figurado, pues esto lo hace despues el que pre- tende ser sabio 6 literato, y tiene bastante con ese aprendizaje tradicional, para saberse manejar en la sociedad, asi tambien basta-la ensefianza oral de padres a hijos , de pedagogo a dis- cipulos, de sacerdote a pueblo, para que éstos sepan la reli- gion y sus misterios, sepan el catecismo, y sea cada hombre un sabio en su género. Si por cierto : quien sepa bien el cate- cismo , que contiene el simbolo de la fe, los preceptos de la ley, las oraciones y los sacramentos de la Iglesia, es un sabio; mas sabio en religion que Platon y que Aristoteles. Désenos una nacion en donde todo esté bien ordenado: una nacion, en la cual los padres ensefien a sus hijos la ley divina y los dogmas de la fe: donde, en los dias santos, se vea el mag- nifico espectaculo de quedarse las casas vacias y cerradas, a ciertas horas de la mafiana y de la tarde, porque todos estan en la Iglesia para santificar el dia sagrado, y para oir las ins- ' Eaod. cap. XXIV. v.12. * Deut.cap. IV. v. 9. + Joan. cap. V. v. 39.
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