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—170— tituyen el gran sacrificio, que Jesus empieza en su encar- nacion y consuma en su muerte. Y por ventura, jHizo otra cosa su virginal Madre desde que empezé 4 vivir en la tierra hasta que la cambié con ‘el cielo? Deseosa de agradecer 4 Dios con el sacrificio i su pro- pia vida los favores que la habia dispensado al criarla, empez6 4 ofrecer este sacrificio desde el momento en que empez6 4 vivir: pero fué mucho mas ardiente este deseo, desde que concibié en sus entrafias al Hijo del Altfsimo, no formando desde entonees Jesus y Maria sino un solo taber- ndculo con dos altares, uno de los cuales era el corazon dela Madre, y otro el cuerpo del Hijo, pues este ofrecia su car- ne, y aquella su alma inmaculada. (1) ;Ah! ;Qué contrito y humilde, qué lacerado y herido, que desquiciado y des- pedazado estuvo el corazon de la Virgen, desde que con- | cibié al Verbo divino! Deslumbrados nosotros al mirar la resplandeciente maternidad divina, no vemos la union ad- mirable de la hermosura blanca como la nieve, con la ne- grura de los trabajos que la acompafiaron; pero si avivamos - nuestra fe, veremos que al ser investida Maria gon tan sublime dignidad, veia la copa de amargura que el mismo, que tanto la enaltecia, la presentaba, no rehuyendo ella de aceptarla; antes al contrario, tomfndola con presteza y alegria, y aplicéndola 4 sus labios para apurarla hasta las heces, como lo hacia su Hijo. Y bien pudiera. haber acaecido que desde que lo concibié hasta que lo dié 4 luz, Dios no hubiera manifestado con toda extension todas las circunstancias que habia de tener el sacrificio sangriento, (1) In tabernaculo illo duo videres altaria, aliud in pectore Matris, aliud in corpore Christi: Christus carnem, Maria immolabat animam. Arnold. Tract. de 7.2m Verb. Dom, in Crue.

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