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cuanto ella yale: queria Dios hacerse hijo de Adan, de Abraham y de David, y ser en la naturaleza humana _pa- sible, mortal y limitado; y Marfa le d& su seno, para que — entre en él, su sangre para que sea concebido, y todo su compuesto, para que sea engendrado. Queria Dios que el hombre, unido 4 la naturaleza divina y 4 la persona del Verbo, ‘asi como comunicaba 4 la naturaleza divina sus propiedades, recibiese tambien de aquella las que tiene, y Maria coopera 4 este portento inefable, dando 4 Dios cuanto necesita para ser hombre, y recibiendo este Hijo del hombre cuanto lo constituye Dios. j;Oh sublime éin- comprensible elevacion de Marfa! {Qué escenas tan grandes éinefables pasan desde en- tonces entre Dios y su Madre! Maria no respira, ni se mueve para si, sino para Dios. Dios nace en un pobre por- tal, tiene frio, padece hambre y llora; y Maria lo faja, lo envuelve en paiiales, lo aplica 4 su virginal pecho, sella sus mejillas con dsculos s:xtos, mezcla sus lagrimas con las de Dios y lo consuela, diciendole con ternura maternal: « Wo Uores, Hijo mio de mi corazon, luz de mis ojos y vida de mi vida.» ;Ah angeles santos! ;Qué digisteis, cuando vis- teis esta escena, que os hacia tan felices como la vista de Dios? ;Qué pensabais cuando veiais que un tirano perse- guia 4 vuestro rey celestial, y Marfa lo escondia y lo aca- riciaba, déndole su leche, aplic4ndolo 4 su corazon y hu- yendo con él por las soledades del desierto y por los bos- ques del Egipto? Todas estas acciones de la Madre divina eran naturales en ella, como que procedian de un corazon maternal; pero hay en ellas una bondad infinita, porque tienen por término 4 su Hijo que es infinito, y caracterizan 11

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