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— 138— podia nacer en la voluntad de los Angeles, ni en el corazon de otro ser, sino en aquel, que Dios mismo fecundaba con estas admirables semillas, prepar4ndolo de esta manera al gran misterio, en que igual parte tendrian el Espiritu Santo y la Virgen sin mancilla, cada uno segun su naturaleza y su virtud. . No era sin embargo este amor sino el amor de un co- razon escitado por la gracia divina y correspondiendo li- bremente al movimiento celestial. Muy pronto se habia de convertir en amor de la naturaleza, amor necesario, porque habia de salir de un corazon de madre, que no puede serlo, sin amar necesariamente al hijo de sus entrafias: y enton- ces seria de tal intensidad, que no solo traspasaria el alma, sino que se apoderaria de todo su pecho, (1) fecundando al mismo tiempo su alma, su corazon y su carne. (2) Tan pronto como Marfa concibe en su virginal seno al Hijo del Altisimo, el amor de su corazon empieza, no solo 4 ser ine- fable, sino en ciert6 modo infinito; porque tiende 4 asimi- larse al que el Eterno Padre tiene & este mismo Hijo. Y asi es; porque el Padre engendra al Hijo, déndole cuanto posée esencialmente, su sabidurfa, su omnipotencia, su inmensidad y su infinidad; y lo engendra Dios de Dios, explendor de su gloria, figura de su sustancia y candor de la eterna luz; (3) pero Maria engendra en sus entrafias 4 este mismo Hijo y le dé cuanto ella es, cuanto ella tiene y (1) Amor Mariw 4nimam non modo transfixit, sed etiam pertransi- vit, ut nullam in pectore virginaii patticulam vacuam amore reliquerit. (Div. Bern. Serm. 2r in Cant. (2) De plenitudine mentis satiaretur et earo. (D. Bern, Serm. 52 de Diversis. @) - Candor est lucis eterna, et spéculum sine macula Dei majestatis, et imago bonitatis illius. Sap. 7 26.

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