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una pariente suya, porque el cielo ha quitado 4 esta el opro- bio de la esterilidad, y siendo anciana la ha dado un_ hijo: (1) y son tan wanes los prodigios, que se verifican en ella y en el hijo que tiene en su vientre, apenas la Vir- gen ha abierto sus labios para saludarla, que aquella no puede contenerse, y en alta voz proclama quesno merece ‘ella que la madre de Dios entre ensu casa, y quees Marfa bendita entre todas las mugeres. Yhé aqui que Marfa, que ‘habia entrado en apariencias abyectas, es proclamada en presencia de personas ilustres de la Judea, por madre del Mesias, por reyna del mundo y por la mas feliz de todas las mugeres. jQué responderan sus virginales labios al ver preconizadas sus excelencias? jAh! Maria se halla siempre en la nada de su humildad; y si alguno la recuer- da sus propias grandezas, al punto se eleva al principio ‘de ellas. Oigémosla, como manejando con fnas primor que su padre David el arpa de los cénticos sagrados, entona uno, que dice el solo, cuanto su gran padre ha anunciado en ciento cincuenta salmos. “Dios, dice Maria, es yeserd “engrandecido por mi; y mi espiritu se alegra en é1, que “es mi salvador; porque miré la bajeza de su esclava; pues “va desde ahora me dirdén bienaventurada todas las gene- “raciones; porque me ha hecho cosas grandes en mi el “que es poderoso, y su nombre es santo.” (2) Asi responde - Marfa, sin que su lengua pueda decir otra cosa, porque es esto lo que encierra en su corazon. jO abismo de humildad! ;De donde te viene esta humil- dad, podiamos preguntar al Corazon de Maria? Eres el _ (1) Lucm. cap. 1. v, 18. bi (2) Luow. cap. 1. v. 46, 47.
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