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ees ee tancias de los objetos materiales, el alma sabe que recibe el cuerpo de Jesucristo y bebe su sangre, que estén escondidos bajo los accidentes, deleitandose ‘en uva dulzura y suavidad, que en nada se parecen 4 lo que los sentidos le indican. ;Quién no advierte la alteza dela sabiduria divina, escondida en este misterio de su amor? ;Quién no ve la armonia de to- ‘das las obras, que ejecuté Jesucristo para elevar 4 ios hombres 4 su Padre por la fé y la caridad? En efecto, al dérsenos Jesucristo en la Eucaristia, se conduce hdcia nosotros como se conducia con los hombres, cuando se digné vivir con ellos; porque en el exterior no veian estos mas que un hombre seme- jante &los demas; pero si querian ser participes de sus beneficios y gracias, era necesario que creyesen que era el Hijo de Dios, reconociendo la grandeza en la pequeiiez, la omnipotencia en la debilidad, y la sabiduria infinita en las apariencias de abyeccion humana. Asi tambien en este sacramento de vida é inmortalidad, es preciso negar la fe 4 los sentidos, y darsela 4 Jesucristo. Cousiddrs pues, alma cristiana, cuan viva ha de ser tu fe, para acercarte 4 la sagra- da comunion: al yer venir 4 tial Hijo de Dios, y al contemplarlo con los ojos del espiritu, inmortal, glo- rioso, y rodeado de coros de angeles que lo alaban y bendicen, agrégate 4 estos espiritus angélicos, desean- do tener su pureza: y lena de humildad dile al Se- fior, que no eres digna que la infinita magestad en- tre en tu pobre morada. ! O amantisimo Jesus mio, confieso que 4 ninguno de cuantos hombres ha habido habeis mostrado tanto amor como 4 mi: porque bien 1 Math. cap. 8. v. 8.

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