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eT aT Re eer TINT en eter Rete et Seta ere eer eT ae on tennee e re rere ee Fen -eieagrae-peesanmenrienesheene grater tee ETOCS ee. A ei veiase otro tanto al mandar 4 los muertos que resu- citasen, 4 las tempestades que se apaciguasen, 4 los demonios que bajasen 4 los abismos, 4 los paraliticos que caminasen, 4 los sordos que oyesen, 4 los mudos que hablasen, y 4 los leprosos que quedasen limpios: porque mejor que el rey manda 4 sus capitanes, y los capitanes 4 sus soldados, imponia Jesus sus man- datos al cielo, 4 la tierra, 4 los mares, 4 los vientos, 4&los huracanes, y 4 los espiritus inmundos, siendo obedecido de todos con humilde sumision. Sin embargo, si se comparan estos portentos del Redentor con el que hizo al cerrar su conversacion con los hombres, casi no merecen el nombre que Ile- van; porque no ejercité en este su poder sobre los elementos insensibles,6 contra los espiritus malignos, sino sobre su propio cuerpo, habiendo reservado el hacer este milagro para el momento en que iba & mo- rir por los hombres, & fin de que comprendiesen estos por la grandeza del prodigio cuémta era la magnitud de! amor que les tenia. Estando en efecto sentado 4 mesa con sus discipulos, tomé el pan en sus ma- nos, lo bendijo, lo partié, y lo entregé 4 estos, di- ciéndoles: tomad, y comed: que este es mi cuerpo: y haciendo otro tanto con el caliz, lo bendijo, y se lo did diciendo: bebed todos de él; porque esta es mi san- gre.) Y al decir estas palabras, convirtié la sustan- cia del pan en su cuerpo, y la del vino en su sangre, y con un portento, que produjo en los mismos serafi- nes un asombro, que aun les dura, se dié todo él, Dios y hombre, 4 cada uno de los apéstoles bajo los accidentes del pan, y del vino. 1 Math. cap. 26. vs. 26, 27.
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