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Ne ne naan —o del espfritu. ;Ah! ;Podr4 el hombre seguir otro cami- no, sin que vaya contra el fin para que fué criado? Podr4 intentar buscar su dicha en otros objetos, sin hallar al cabo el remordimiento y la muerte eterna? Contempla pues, qué amor tan indecible nos tiene Jesucristo, que ha determinado estar siempre en la Eucaristia, diciendo 4 todos sin cesar que él es el camino, la verdad y la vida. : Antes de dar su vida por nuestro amor, habia dicho 4 sus enemigos estas. palabras: si yo fuere alzado de la tierra, todo lo atrae- ré d mi mismo. Y jc6mo no habria de atraer 4 si los corazones? Andan estos buscando siempre la ver- dad y la dicha, y alsalirles al encuentro Jesucristo, que bajé del cielo por estirpar el error, y por traer la felicidad 4 la tierra, jcomo no se abrazarian con él siendo el camino para llegar 4 la bienaventuranza? iCémo se desasirian del que es la misma bienaventu- ranza? Pero entre tanto, gobernando como gobierna d los hombres con gran comedimiento, * no quiere vio- lentar 4 nadie; todos buscan su dicha en este mundo, mas Jesucristo est4 enseiiando 4 todos sin distincion el dulce manjar de su cuerpo, y el suave licor de su sangre, para ee los que suspiran por los verdaderos _placeres, los hallen en él. ¥Y jqué sucede? Que los ‘ mundanos lo desprecian por gozar de sus sentidos, “mientras los justos se abrazan con ély le dicen, hallé al que ama mi alma; yo lo asi: y no lo dejaré. « Pro- cura ti, alma cristiana, ser del niimero de estos, si quieres hallar al fin la felicidad. eterna. 1 Joan, cap. 14. v. 6.— Ibid. cap. 12. v. 32.—% Sap. A 12, v. 18.—4 Cant. cap. 3. v. 4. - —
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