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a ee aoe En verdad, ahora veo que no estaba en mi, cuando buscaba mi satisfaccion y contento en las amistades vanas, en los pasatiempos mundanos, y en especté- culos nocivos, y en otras locuras, que me alejaban del bien, que tenia tan cerca de mi, ; cuya suavidad no queria gustar. ;Ah tiempo perdido, dias mal gas- tados! No permita el cielo, que salga una aurora y asome una noche, que no sean para que yo ame 4 mi Dios sobre todas las cosas, y lo alabe por sus mise- ricordias, no interrumpiendo en la vigilia ni en el suefio mis actos de agradecimiento 4 su infinita pie- dad. ;Ea pues, alma mia! Elévate de una vez de to- do lo terreno, y vuela 4 Jesus, que es tu herencia, tu gloria, tu hermosura, tu fortaleza, tu esperanza, a felicidad: si lo tienes 4 él, todo lo tienes, aunque ueras el mas pobre de los hombres: si no lo tienes 4 él, nada tienes, aunque fueras duefio de todos los cetros del mundo. O Jesus, dulzura de mi corazon. Qué hay para mi en el cielo? gY fuera de ti, qué he querido en la tierra? g Desfallecié mi carne, y mi cora- zon: Dios de mi corazon, y mi poreion para siempre.* MAXIMA. Una sola cosa es necesaria, ha dicho Jesucristo. Y ;Cu4l es esta? Ocuparse en conocer 4 Dios para amarlo y poseerlo. Todo lo qne no tenga relacion con esto, es vanidad de vanidades, y afliccion de es- piritu. 1 Psalm. 72. vs. 25. y 26. -ft

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