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ana ae Se eee nana TIE ES = ar = c6 & todo su pueblo, é hizo que todos tomasen el salterio en sus manos, y todos en union suya canta— ban, tocaban y danzaban delante del Seftor en toda suerte de instrumentos de madera, y citaras, y liras, y tambores, y sistros, y cimbalos. 1 Si tanta alegria pro- dujo en el pueblo de Israel una representacion ligera de la Eucaristia, ;qué regocijo no se apoderaré del cristiano, cuando SeitiPato baja del cielo 4 la hostia consagrada, para que el hombre abra sus labios, y lo coma, y lo comwierta en alimento de su alma? ;Ah! {Qué escena tan sublime pasa entonces cerca del que se llega 4 recibir al Sefior! Va este rey del cielo con su gloria, aunque invisible 4 los ojos carnales, y en su derredor asisten Jas milicias celestiales, cantando himnos de gloria 4 su rey y Sefior, y de este modo se acerca 4 nuestros labios, y entra ennuestro pecho. jSera posible que no oiga nuestra alma los acentos angélicos? ;Sera posible que no la lene de gozo la presencia de Dios? jAh! La ausencia de este gozo seré una prueba de que te alegran las dulzuras terrenas, y te afligen de- masiado las adyersidades: oye pues alma mia, y en- tiende que nada debe contristar al cristiano; né la muerte, porque es la entrada 4 la vida verdadera: né la pérdida de los tesoros terrenos, porque son carga que nos impide caminar hacia el cielo: né las calum- nias y afrentas por Cristo, porque en ellas nos ase— mejamos 4 él: n6 por fin las enfermedades y las tri- bulaciones, porque en ellas se purifican las almas co- | mo las vasijas de barro en el fuego. Conftindete por tanto de esa pusilanimidad, que has mostrado en las 1 2 Reg. cap. 6. v. 5.

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