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— 237 — mundo, asi nosotros hemos de tener un deseo eficaz de contribuir al acrecentamiento de esta gloria, ele— vindonos de nuestra nada 4 la sublimidad, en que Dios nos ha colocado. Y jeudl es esta? Que asi como Jesucristo se hizo semejante 4 nosotros, tomando la naturaleza humana con sus miserias, excepto el peca- do, asi nosotros nos hagamos semejantes 4 él por la gracia, vistiéndonos del hombre nuevo que se renue- va por el conocimiento, conforme d la imagen del que lo erié. * Porque nuestra finica gloria es la adopcion divina, que nos hace hermanos de Jesucristo, y por efecto de la cual él y nosotros tenemos un mismo Pa- dre, siendo é1 Hijo propio y natural por esencia y naturaleza, y nosotros adoptivos por la gracia. jO felicidad incomprensible! No solamente tene- mos la dicha de recibir en nuestras almas como en un espejo la luz de las verdades divinas, registrando ca- ra 4 cara la gloria del Settor, y siendo transformados de claridad en claridad en la misma imdgen como por el Espiritu del Seftor: : sino que nos hacemos en la sa- grada comunion una misma cosa con el autor y consu- mador de nuestra fe, para que esta se fortifique cada vez mas, y nos acompaiie hasta aquel momento, en que poseamos sin zozobra los bienes que esperamos, y no reine ya en nuestras almas mas virtud que la earidad. ;Ah! Contempla atentamente esta dicha que tienes en Jesucristo, “y reconoce tu dignidad, para “que una vez hecho participante de la naturaleza di- “vina, no te envilezcas por una conducta impropia “de quien es hijo de Dios.’”” O Jesus mio, mil veces me he degradado por el pecado, y decaido de la dig- 1 Colos. cap. 3. v. 10.—? 2 Cor. cap. 3. y. 18.
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