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soins) ates escondidos todos los tesoros de la sabiduria y de la cien- cia. 1; Cémo les daria tanto bien, sin que lo conocie- - sen? ;Cdmo lo poseerian sin considerarse indignos de tanta dicha, y felices en un todo por su posesion? Considera pues, qué feliz es quien recibe 4 Jesu- cristo. Desean los hombres poseer todas las cosas porque creen falsamente = en esta posesion encuen- ‘tran su dicha: y despues de afanarse y fatigarse mu- cho tiempo, apenas encuentran en este mundo mas que sombras, humo, espinas, y amargura, miéntras que el que tiene la dicha de acercarse 4 la sagrada mesa, se hace poseedor del que salié de Dios, del que es Dios de Dios, el cual crié todas las cosas y las contiene en si. Pero advierte, que para poseer digna- mente este tesoro inestimable, Jesucristo exige de ti que desciendas 4 las profundidades de tu bajeza, y reconozcas tu indignidad y la dignacion infinita del Sefior. ;Ah! ;Podra apetecer riquezas terrenas quien considere lo que es la posesion de Dios? O amable Jesus mio, yo me anonado al pensar que Vos tan ex- celso y tan grande venis 4 mi, que soy tan bajo y despreciable: y me abismo al pensar, que haya de- seado alguna vez poseer cosas dela tierra, cuando | os tenia & vos. Dadme, Seilor, luz para conoceros 4 Vos y amaros, y para conocerme 4 mi y despreciar- me como al mas vil é ingrato de todos los pecadores. PUNTO SEGUNDO. El reino de los cielos, dice Jesucristo, es semejante d un tesoro escondido en un campo, que cuando lo ha- Ua alguno, lo esconde, y Ueno de gozo por el hallazgo, + Colos. cap. 2. v. 3.

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