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— 223 — la felicidad del cielo. Asi es, que cuando Jesucristo explicaba las bienaventuranzas, prometia 4 casi todas una recompensa abundante para el porvenir: mas decir cuales son las riqnezas que hay escondidas en la pobreza “de espiritu, las da por presentes, pues dice: bienaventurados los pobres de esptritu, porque de ellos es el reino de los ctelos. 1 jAh! ;Quién era capaz de imaginarse lo que Dids iba & dar Asus escogidos en este mundo? En todo el tiempo de su predicacion Jesucristo parece que re- dujo 4 dos puntos cuanto enseiié 4 los hombres, y eran estos como los polos en que se moveria el mun- do moral de la perfeecion. Queria Jesucristo que los hombres lo conociesen 4 él, y se conociesen 4 si mis- mos, y por eso no cesé jamés de decirles que él era el principio de todas las cosas, * que el Padre habia puesto todo lo visible é invisible en sus manos, » que habia venido del Padre y vglvia 4 él, « que prepara- ba en el cielo gozes inmortales para sus escogidos, * y que estaba con ellos en este mundo hasta sw fin. 6 Mas al mismo tiempo decia 4 los hombres, que sin él nada podian hacer, 7 que fuesen humildes como un nifio, y poseyesen la pobreza de espiritu, es decir, la humildad, si querian que su Padre les mostrase las riquezas inestimables que revela 4 los pequeiiuelos. jAh! No solo era la alegria perenne del corazon, la paz del alma, y otros bienes espirituales, lo que Je- sucristo intentaba dar en este mundo 4 sus escogidos, sino su propio cuerpo, su sangre, su divinidad, para que fuese la posesion del justo, aquel en el cual estdn } Math. eap. 5. v. 3.—* Joan. cap. 8. v. 25.—* Joan. cap. 10. v. 29.—4 Joan. cap. 16. v. 28.—5 Joan. cap. 14. v. 2.—® Math. cap. 28. v. 20.—? Joan cap. 15. v. 5.

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