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que las almas justas, 4 quienes Dios deseubrié una parte de estos bienes, arrancando de sus corazones suspiros profundos, gritasen 4 los cielos que despidie- sen aquel rocio, que fecundaria la tierra, y hablando con intends Hijo del Altisimo se extasiasen, di- ciendo: ;O si rompieras los cielos y bajaras! A tu pre- sencia se derretirian los montes. 1 En estas ansias vivieron los hombres siglos y si- glos: con® esta esperanza llevaron el peso de los aiios los patriarcas y bajaron al sepulcro, llamando felices 4 los que les sobrevivian, porque podrian ver reali- zada — nueva era de paz y de ventura. ;Qué di- - choso fué por lo mismo aquel momento en que se anuncié 4 la humanidad que sus suspiros habian ce- sado, por haber obtenido la consolacion que deseaba! {Qué bien tan inestimable le sobrevino, cuando pudo Hamar al Seiior, y este le respondié: aqut 2 Fué en efecto el mismo Hijo de Dios, quien 16 & su cargo manifestar & los hombres que aquella época habia llegado ya, diciendo 4 sus discipulos: bienaven- turados los ojos que ven lo que vosotros veis: porque os digo, que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que vosotros veis, y no lo vieron. s Fué 61 tambien quien despues de haber instituido el sacramento del altar, dijo 4 los mismos, que hiciesen aquello mismo en me- moria de él: « fué él tambien, quien pocos momentos antes de subir 4 los cielos, dijo 4 los mismos, que estaria con ellos todos los dias hasta la consumacion de los siglos. « Coviattfetri qué acendrada es la caridad de Jesucris- to, que fué hecho para nosotros por Dios sabiduria, y 1 Isai. cap. 64. v. 1—* Fhid. cap. 58. v. 9.—=% Luc. cap. 10. v. 23 y 24.—4 Ibid. cap. 22. v. 19.—® Math. cap. 28, v. 20.
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