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— 186 — insaciable y saciedad fastidiosa! 0 Jesus mio, yo sé que solo podré conocer yuestra suavidad, despues ue la haya gustado: quitad, Sefior, de mi el amor el siglo, para que no busque mi alma mas recreo, ni mas gozo que el que me resulta de amaros sobre to- das las cosas. _ , PUNTO SEGUNDO. ~©uando nos unimos con Dios por la fe y la caridad, son tan estrechos los lazos de la amistad que median entre él y nosotros, que hacemos una sola cosa con 1; porque como afirma el apdéstol, quien se acerca al Se- for, es con él un espiritu. 1 Y esta union del alma con Dios es tan inefable en sus resultados, que los justos en este mundo no desean tener la cosa mas minima entre las visibles: porque todas ellas por ricas, gran- des, y preciosas que aparezcan 4 los ojos de Be hea bres carnales, son para ellos vilisimas y de ningun mérito, viviendo como viven escondidos en Dios, y pudiendo decir que no son ellos ya los i viven, si- no que es Cristo quien vive en ellos. : Mas, j;quién podré explicar lo que entrafia esta union por solo la caridad en el cielo? jAh ;Alli, donde el amor del alma 4 Dios es indescriptible, donde Ja luz increada se ve sin sombras, y el alma est& abrazada con ale- gria extdtica al bien sumo, entra esta tan sublime y _ profundamente en el piélago de los gozos eternos, que, 4 no recibir perennemente de Dios la inmorta- lidad, desfallecerfa, y se disolveria de gozo en el abrazo con que este la estrecha, y en el dsculo santo con que se le da 4 gozar. 2 1® Cor. cap. 6. v. 17.—* Galath. cap. 2. v. 20.
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