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— 171 — tros al convite de Jesucristo, en el cual él es el espo- so, y nuestra alma la esposa, con quien él se enlaza, no solo déndola su amor y su corazon, sino su alma y su divinidad? Y ;qué vestido llevamos & esta boda? jCémo nos conducimos delante de Jesus en nuestras acciones, palabras, y pensamientos? Antes de entrar en la sala del convite, ya nos ha visto y examinado Jesucristo, y ha contemplado una por una nuestras fealdades, y no podré menos de echérnoslas en cara, si antes de poner un pié en su retrete, no nos mira- mos en el espejo, que este rey piadoso ha colocado en la antesala del convite, y no nos lavamos en la fuente de aguas vivas, que se hallatan cerca de él. Detente pues, alma eristiana, y oye como Jesucris- to describe la hermosura que ha de tener una esposa suya, para que veas lo que te afea, y lo arrojes de ti, y adviertas lo que te falta, y se lo pidas al mismo Jesus. Son tus ojos de paloma, decia este Sefior 4 una alma santa, porque hay en tiun corazon sencilloy recto, y una intencion pura: ! tus ldébios son como banda de grana, y tu hablar dulce + porque estas lle- na de fe y abrasada en el fuego de mi amor: es tu euello como la torre de David,’ pues te hallas pronta4 resistir 4 todo.ataque de los enemigos; y tu pecho es todo inocencia y candor, como los cordevillos que se apacientan entre azucenas. + ;Ah! cuando un alma tiene estas cualidades, Jesucristo la sale al encuen- tro al llegar 4 su convite, y la dice conamor: ; Qué hermosa eres, amiga mia; qué hermosa eres! + ;Eres ti esa alma? O Jesus mio, me confundo y anonado al ver mis iniquidades; pues oigo vuestra voz que me ? Cant. cap. 4. v. 1.—* Ibid. v. 3.—* Ibid. v..4.—4 Ibid. v. 5.— Ibid. v. 1°

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