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— 160 — el cual por primera vez, el Hijo de Dios humillado en la naturaleza humana rogé6 al Padre por los dores. Y otro tanto hace cada dia al bajar del cielo 4 nuestros altares, pues desde alli le dirige sus ora- ciones por nosotros, diciéndole lleno de caridad: Padre santo, da en tu nombre d aquellos que me diste: 1 santificalos en la verdad: = por ellos me san- tifico d mi mismo para que ellos sean tambien santifica- dos: * y esta oracion continda al venir en las manos de sus ministros 4 nuestros pechos, pues entra en ellos como mediador divino, rogando 4 su Padre que nos salve por los méritos de su pasion santisima. Y no solo con su Padre, sino contigo tambien ha- bla Jesucristo al entrar en tu pecho: oye pues sus palabras, alma mia, que son sentencias que salen del corazon divino; yo te amé con amor perpétuo, te dice: « mira en prueba de ello mi cabeza, en donde se encierran todos los tesoros dé la ciencia de Dios: yo la di d los que la herian, y mis megillasa los que mesaban mi barba, y este cuerpo tan delicado lo en- tregué 4 ioe me azotaban y crucificaban, no ha- biendo retirado mi rostro de los que me injuriaban, y me escupian. s Todo esto lo hice por salvarte del pecado y de la muerte eterna, y por darte mi gloria. Sera posible que am4ndote yo tanto, no me vea correspondido? ;Te atreverés & cometer un pecado mas, cuando te he perdonado los muchos con que me has ofendido, y he rogado sin cesar 4 mi Padre, que contuviese su indignacion en su misericordia? O Je- sus mio, esos acentos de amor se dirigen muy en es- - woah wni wm, poryue entre ‘vols ‘tas que ndodis 1 Joan. cap. 17. v. 11.—* Ibid. v. 17.—* Ibid. v. 19.—4 Jer. cap. 31. v. 3.—5 Isai. cap. 50, v. 6.

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