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— 4 Jesucristo, mas no ser& cierto que estén en el ca- mino: pues el mismo Salvador ha dicho estas bras: nadie puede venird mi, siel Padre que me envié no lo tragere. 1 Y ;c6mo podra gloriarse alguno de que es traido por el Padre, si no oye al Hijo que le ensefia, 6 intenta buscar en su a su pro- pia gloria y estimacion mas que la de Dios? ;Ahj es tan sagaz nuestro amor propio, que aun en las cosas divinas nos induce 4 que miremos mas 4 la satisfac- cion de nuestros deseos é inclinaciones, que 4 la vo- luntad del Sefior, deseando que este haga cuanto creemos conveniente 4 nuestro bienestar temporal, y no conforméndenos con las tribulaciones que nos envia, ni recibiendo la cruz que él nos de ae Ensefia Dios 4 todos que vengan 4 su Hijo: pero ‘no todos quieren aprender el modo de ir 4 é1, no ha- Ilando el camino, sino aquellos de quienes dice el mismo Seifior estas palabras: todo el que ha oido del Padre y aprendié, viene dmi.+ Y en efecto, hay muchas almas que freeuentan la sagrada comunion, y protestan que aman 4 Jesucristo: pero apenas les sobreviene una tribulacion, 6 tienen algun contratiem- po en sus bienes temporales, se lamentan de que Dios no las mira con amor; ni faltan otras, que se com- placen en la meditacion de la obras del amor divino, y quieren sublimarse hasta el cielo, cuando el Sefior destila sobre ellas algunas gotas de consuelo espiri- tual: mas apenas este Dios sapientisimo suspende un poco este rocio, se las vé desanimarse, y se las oye quejarse de que Dios no las favorece. ;Ah! Todas estas almas se buscan 4 si mismas, y no 4 Jesucristo, 1 Joan, cap. 6. v. 44.—Ibid. cap. 6. v. 45.
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