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— 138— PUNTO SEGUNDO. Si deseamos récibir consejos y luz de nuestro pre- ceptor celestial, es necesario que nos desprendamos en un todo de nuestro propio saber, confesando con humildad, que ef discipulo no es sobre el maestro, — Lise” que toda la ciencia que se encuentra esparramada en todos los hombres, no es nada x rah con la ciencia infinita de Dios, pues toda sabiduria es del Senor, y con él estuvo siempre, y estd@ antes de los siglos. « Tan solo 4 los pequefiue- los revela el Padre celestial los arcanos de su sabi- daria, la cual desciende 4 los pobres de espiritu, ue no conocen la hichazon y el orgullo; y ninguno e estos perecerd, porque yiven siempre con temor de si mismos: y temiendo, évitan los peligros, y hu- yendo de los peligros, se salvan. * Al contrario, si presumimos de nosotros mismos y no deponemos nuestro orgullo, es imposible que nos salyemos, pues el maestro celestial dice « que no ha venido & buscar 4 los justos, es decir, 4 los que se glorian de si mis- mo, = tienen una justicia falsa, sino 4 los pecadores que confiesan que lo son, y se humillan pidiendo gra- eee ser salvos. 5 * ntiende, alma cristiana, que hubo muchos seres, conspicuos en algun tiempo por su ciencia y virtud, que cayeron de la cumbre de la gracia en que esta- ban, siendo oprimidos por la gloria de la magestad infinita que quisieron escudrifiar: esta fué la suerte de 2 Luc. cap. 6. v. 40.—? Eccli. cap. 1. v. 1.—* Tertuli. lib. de cult. feemiar cap. 2.—4 Math. cap. 9. v. 13.—% Div. Thom. cat. aur. in cap. 9. Math. <

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