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— 136 — ma, que no podia producir una sola flor de virtud santidad. Mas jquién no se admira de la hondad de Dios? Tenia decretado este Sefior benignisimo que su propio hijo tomase la naturaleza del hombre pe— cador, y le decia desde la eternidad estas palabras: te he dado para luz de las gentes, d fin de que abras los ojos de los ciegos: 1 y apenas lleg6 el momento en que este consejero de los hombres empezaba 4 ense- fiarles la verdad, el mismo Padre amoroso que lo enviaba, quiso mostrérselo 4 aquellos diciendo: este es mi Hijo bien amado, en quien yo me he eomplacido mucho: escuchadlo. + Grande es por cierto, la bondad del Padre en ha- ber constituido 4 su Hijo preceptor de las gentes: ero jquién podré explicar la caridad de este en ha- bee querido que los hombres aprendiesen su doctrina entre las delicias del convite? Despues que derramé de sus labios torrentes de sabiduria, y nos hizo cla- ras y manifiestas cuantas cosas habia oido de su Padre, s preparé su mesa, y convidéd al banquete celestial 4 todos los hombres, diciéndoles con instan- cia: venid, comed mi y bebed el vino os he mezclado, dejad la infanciay caminad por las vias de flea a « ;Oh, qué cierto es que Jesus es todo dulzura y suavidad! ;Quién, por timido y Sauna, que sea, tendré reparo en ir al lado de Jesucristo, cuando el mismo manda que se les diga 4 todos que no teman, porque es Dios mismo quien viene 4 abrir los ojos de los ciegos y los oidos de los sordos? s ,Quién se veré ya enyuelto en las tinieblas de la ignorancia, pudiendo recibir cada dia la sabiduria 1 Isai. cap. 42. v. 6 y 7.—* Math. cap. 17. v. 5.—* Joan. cap. 15. v. 15.—4* Prov. cap. 9. v. 4. y5.—® Isaf. cap. 35.v. 4. y 5.
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