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—- 1984. humillado, que desprecie las cosas terrenas, aspire 4 las celestiales, desee que el nombre de Dios sea san- tificado, y esté animado de aquella fé, que obra por la caridad: con este tesoro en nuestras manos hemos de hacer la adquisicion de esta medicina. Considera pues esto atentamente, alma cristiana, para que antes de acercarte 4 la sagrada comunion, te postres llena de humildad ante tu médico; porque si no nos reconocemos enfermos, débiles, y -misera- bles, la medicina divina no nos dara la salud. Debes enténces hablar con confianza y decir al Sefior; mi- rad, Seitor, - el que amas estd enfermo: 1 mis, des- pues que lo hayas recibido, jarale, que no mezclarés mas, como por lo pasado, los manjares carnales de la culpa con tan celestial medicina y dile tambien con humildad y amor; O Seftor, decid d mi alma: yo soy tu salud. 2 ;Ah! si no lo hicieres asi, la medicina no produciré los efectos convenientes, y el médico mis- mo, que ahora te visita con tahta caridad, algun dia te argiiiré con severidad inexorable, y te dira estas palabras terribles: tu impureza es exeerable: porque te quise limpiar, y no te limpiaste de tus inmundicas. s jO Jesus de mi corazon! Vos vinisteis 4 mi, y me amdsteis cuando mi alma era fea y torpe por la culpa, y 08 acercdsteis para sanarme y volverme casta, pu- ra y hermosa. ;Ah! Mi salud, mi vida, mi dulzura sois vos, Sefior, ahora y para siempre. 1 Joan. cap. 11. v. 3.—% Psalm. cap. 34. vy. 3.—® Ezeq. cap. 24. v. 13.
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