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— 131 — . do en la inocencia: pero todos estaban prontos 4 perder su vida antes que ofender 4 Dios, y con estas dispo- siciones recibian 4 Jesucristo; y como llevaban den- tro de si todo el foco de la caridad infinita, eran co- mo leones que respiran fuego para entrar en comba- te, y causaban miedo al mismo espfritu maligno. Mas ti no eres asi. ;Ah! ;No te ruborizas de tomar una mnedicina de una virtud infinita que ha sanado 4 tan- tos, y de ser todavia orgullosa, avara, ambiciosa, y voluptuosa, cuando recibes dentro de tila humildad, la pobreza, la mansedumbre y la mortificacion de todo un Dios? Es evidente que la medicina del cielo no ha producido el efecto conveniente, porque aun no has meditado con detencion sobre las grandezas del convite & que Jesucristo se ha dignado llamarte. O hostia de salud, que abres las puertas del cielo, confieso mi iniquidad, y protesto que mi tibieza en amarte no tiene mas causa que la malignidad de mi corazon, que quiere siempre deleitarse en lo terreno, y huye de la mortificacion de si mismo: mas desde ahora vigilaré sobre mi conducta, y desecharé con presteza toda idea perversa, y cuando el mundo 6 el espiritu malo me tienten, me acordaré de ti, y te da- ré todos mis pensamientos, afectos y deseos. PUNTO SEGUNDO. En cuanto est4 de su parte, Jesucristo vino 4 sa- nar al enfermo, y al dérsenos en la Eucaristfa, pre- tende alejar de nosotros toda dolencia espiritual: mas con todo esto, puede acaecer muy bien, que tomemos la medicina estando enfermos, y que continie en nosotros la misma enfermedad. Y es ciertamente asombroso, que Cristo entre en nosotros para darnos

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