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LA OBEDIENCIA 117 diencia. Consta de diez apartados impregnados no solo del espíritu sino también de la terminología ignaciana. Es un artículo denso de doctrina y fe– cundo de 3!plicaciones. Contiene los principios teológicos en que se funda la vida de obediencia, las normas ascéticas que la informan y los con– sejos prácticos que la encauzan y facilitan. Ante todo, se establece la arbsoluta necesidad de esta virtud para adelantar en la vida espiritual y se exhorta a considerar en la Superiora al mismo Jesucristo, y por lo mismo a profesarle un grande amor y una profunda reverencia interior. La esen– cia ele la obediencia no consiste en la mera ejecución externa de lo preceptuado, sino que exige « una verdadera resignación interior y una completa abnegación ele la voluntad y del juicio, tomando por regla el juicio y voluntad de la Su– periora, para conforimarse más exactamente a la primera y soberana regla de toda buena voluntad y juicio, que es la bondad y sabiduría eterna ». Por tanto, Ias religiosas deben someterse incon dicionalmente a la voluntad de la Superiora, a la cual manifestarán hasta sus mismas inclinacio– nes para así adelantar más y mejor en el divino servicio. Ni deben contentarse con las cosas ex– presamente mandadas o de obligación. « Tengan siempre presente ante sus ojos a nuestro Dios, Creador y Señor, por cuyo amor se someten a su semejante; y procedan movidas por el amor y no por el temor y temblor ». Sigan con prontitud la voz de la Superiora, como si saliera de la bo– ca misma de Jesucristo, dejando aun sin termi– nar la letra comenzada. Busquen la perfección

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