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al gozo o en misteriosa simbiosis. el dolor. Todavía brinca el espíritu de María con las estrofas de un cantar de gloria y gra– titud cuando un nubarrón de verano viene a turbar la paz de su adolescencia. Las ··obras maravillosas" de Dios -la con– cepción virginal de María- desconciertan al bendito esposo que no está en el secreto. José vive una experiencia tormen– tosa de inquietudes, de dudas, de desasosiego. Y María sufre porque está haciendo sufrir a la persona amada. Es verdad que en la hora más dramática vino el ángel del Señor a revelar el misterio. Pero hasta entonces ¡cuánta amar– gura! en los dos protagonistas del suceso. El drama de la angustia existencial llegó a una situación límite que pudo desembocar en la deshonra de María en conformidad con la normativa legal. José, como era un varón justo, había optado por la solución más comprensiva que, en todo caso, había de resultar muy dolorosa: el repudio en secreto. Los golpes más duros hieren la sensibilidad maternal de María en su pueblo y con sus gentes y, de modo especial, con sus familiares. En los pueblecitos y aldeas los conflictos sue– len revestirse de una terca y brutal agresividad. Los molinos de viento se convierten en gigantes desmesurados. Hay un desmadre en las riadas del rumor, de la crítica despiadada, de la reticencia hostil, del juicio temerario. de las envidias, de los prejuicios, de los rencores. María no es conflictiva ni por mentalidad ni por compor– tamiento. Esta actitud ejemplar puede significarla como ori– ginal. como un poco rara y en el fondo como "blanco" de la maledicencia y de las ironías del patio de vecindad. La vul– garidad no perdona la singularidad que la descubre y la denuncia. Es evidente que en Nazaret no supieron valorar la calidad humana y espiritual de María. Y existen ciertos gestos y detalles que sugieren lejanía y despecho entre su misma familia carnal. 218
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