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de sacrificio y de aguante de sus formadores que son, por ley natural. el padre y la madre. Los niños a esta edad son instintivos. no tontos. Por ins– tinto descubren los puntos flacos del padre y de la madre y manejan la aguja de marear como verdaderos expertos en las artes del mimo y del llanto. Son egoístas y se inventan proce– dimientos de lo más original para convertirse en centro de atención. El afán de protagonismo está en la raíz de sus gra– cias, de sus halagos y de sus rabietas. La actitud de los padres ha de ser siempre abierta y sere– na. El lema. "sin prisa. pero sin pausa•·, con una mezcla de energía razonable en los contenidos y una gran armonía en las formas. El proceso evolutivo es gradual y exige una '·acomo– dación'' a la situación psicológica del niño en cada etapa, evi– tando cuidadosamente dos extremos igualmente peligrosos: la dejación de autoridad y la imposición excesiva. Y no ceder nunca a la tentación explosiva de desautorizar las exigencias justas con la manga ancha del ··padrazo o de la madraza". El aumentativo -y el superlativo con más razón- es señal de higiene y de buena salud en el cumplimiento de las fun– cicrnes paternales y maternas. Volcarse, desvivirse, quemar la juventud en la dramútica y fascinante tarea de educar a la infancia en cristiano es una misión que justifica y embellece la vida. La dedicación al hijo en todo lo ancho de la existen– cia en un historial limpio de trabajo. de entrega afectiva y efectiva. de preocupaciones, de problemas, ele angustia y de turbación es un modelo de ejemplaridad. Asumir y vivir los dolores, gozos y esperanzas del hogar es un camino de per– fección. Ya sé a qué te refieres cuando me confiesas en tono de cul– pabilidad que eres "un padrazo.., una ·'madraza": que pasas por todo por debilidad y flaqueza. Formar quiere decir poner en forma, plasmar la verdadera imagen, dar vida en el senti– do riguroso del Evangelio como mentalidad y como estilo de vida. Y para configurar esta imagen es necesario podar lo deforme, arrancar de cuajo los vicios instintivos de la infan– cia. Desde la niñez cuando la mente del pequeño es moldea- 199
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