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De nuevo vemos a la Virgen en camino. Los viajes le traen malos recuerdos. El viaje a Belén fue penoso, humillante y obligado. La huida a Egipto estuvo llena de zozobra, de miedo, de presentimientos turbadores. En comparación, éste es un viaje triunfal, un camino ele perfección, una peregrinación amorosa, una fiesta pascual. José y María son profundamente piadosos y suben a Jerusalén para celebrar la fiesta de la Pascua, como "todos los años", como "ele costumbre". Jesús es un adolescente de doce años y les acompaña a la ciudad santa. La primavera se ha echado a los caminos y los frutales rompen a florecer... Y los peregrinos rompen a cantar salmos y plegarias devo– tas que el pueblo judío ha transmitido ele generación en gene– ración. El pueblo judío se siente preferentemente amado -es el pueblo elegido- y canta las misericordias del Señor y en la Pascua la liberación de la esclavitud y la protección divina en toda la historia de la salvación. Los peregrinos se organizan en grupos y se unen a la cara– vana para hacer juntos el viaje. Se ponen de acuerdo para fijar el lugar en que van a pernoctar. Llegada la noche bendicen la mesa y cenan al aire libre de las viandas que traen en las alfor– jas y en el fardel. Cumplen ceremoniosamente el ritual de los antepasados. Es una noche de primavera. "Todo duerme". La brisa peina ramos y trae fragancias de frutales en flor. Del cielo oloroso cuelgan racimos de estrellas. María se desvive por su 189
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