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6 3 deras madres hasta llorar al despedirnos de ellas; luego nos embarcamos el día 22 de noviembre; el primer día lo pasamos mareados, menos en invencible Fr. Pedro; el se­ gundo y tercero fueron los más penosos porque las olas iban por encima del barco y esto cargaba más de noche; una de ellas se levantaron tanto que habiendo arrancado un banco que cabían más de ocho personas con su respaldo, lo echó por una lucera que se levantaba como dos pies de la cubierta, y rompiendo cristales entró el agua en el barco; en el camarote que estábamos entró agua a la rodilla; yo creí que se había abierto el barco; salí del camarote y un joven, llorando, se abrazó a mí, diciendo: "Padre, Padre"; a que le contesté que se encomendase a María Santísima; a que me contestó que estaba en alta mar donde no pasaban barcos. Fr. Pedro cogió el salvavidas, y Fr. Santiago, viendo que no podía detenerse, se acostó diciendo que lo mismo tenía ahogarse de un modo que de otro; los demás días los pasamos muy tranquilos; nos desembarcamos al día siguiente de la Inmaculada, y fuimos a Caracas, en que tuvimos un gran recibimiento, nos condujeron al Palacio del Sr. Arzobispo, en que estaban otros Obispos, luego fuimos a la catedral a dar gracias a Dios por todos los beneficios; al día siguiente, con procesión desde el Palacio a la cate­ dral (en que se cantó un solemne Te Deum en acción de gracias en que predicó el R. P. Serafín; y la catedral se llenó de gente). La gente de esta república es dócil y escuchan con gusto la palabra de Dios; lo que faltan son varones apostólicos que les animen. El país es hermoso y rico, pues hay árbol que da lo necesario para el sustento del hom­ bre. Por otra parte, recuerdos para mis Padres y Hermanos; que me acuerdo muchí­ simo de ellos, que no me olviden en sus oraciones, que yo no le olvidaré en las mías. Salude, Padre mío, de mi parte, a todos los de Lecaroz, y dígales que se conserven en la ardiente caridad que tanto han ejercitado mientras estaba con ellos; yo ahora me veo rodeado de medios para ejercitarla; que sólo le pido que me deje en este sitio de Venezuela para ejercitarla, y si no le ejercito, teniendo las almas tanta necesidad, se apartará de mí y así de todos los que no estén unidos con esta virtud; esto lo digo para que cuando sepa que me aparte de esta virtud, me avise como a Padre cariñoso y para que conozca que estoy contento en este sitio que me han puesto mis superiores. Por otra parte, saludo a los niños y les pido que me encomienden al Sacratísimo Corazón de Jesús y a María nuestra tierna Madre; les doy las gracias de tantas mues­ tras de cariño con que me han mostrado, que cuando estaba por su lado unos con las manos y otros con sus meneos parecía que querían estrecharme en sus tiernos cora­ zones; gracias os doy por estas demostraciones de cariño y os deseo mil bendiciones de Dios y María Santísima, y como lego ignorante os daré algunos consejitos; espero que el Señor me los dictará: Io. Que seáis agradecidos a la gracia que el Señor os ha dispensado sacandoos del mundo y poniéndoos en la Religión Seráfica, en donde han salido tantos Santos que por ellos somos tratados como Santos, que hay personas que se encomiendan a nosotros, queriendo que en el momento en que le pedimos al Señor les alcancemos lo que piden. 2o. Que grabéis en vuestros corazones el amor verdadero a Jesús Crucificado por la salvación de las almas, que tantas se van a perder por falta de no haber quien les enseñe y vosotros estáis destinados por Dios para esto; mirad, pues, por la nobleza de vuestra alma, para que no os marchéis a los ajos y cebollas podridas del mundo, que sería gran rudeza en medio de vuestro saber. 3o. Que seáis obedientes.

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