BCCCAP00000000000000000000140

tegra y perfecta, no sólo ejecutando lo mandado, sino tam­ bién con entera sumisión de su voluntad y rendimiento del propio juicio, al juicio y voluntad del superior. Había aprendido muy bien, que la carne debe ser domada y mariirizada con varias asperezas, a fin de que no se inso­ lente contra el espíritu, y así lo ejecutó, castigándola con crue­ les azotes y disciplinas y extinguiendo en ella todas las malas inclinaciones y los vicios de diversa índole con que la carne hace guerra al espíritu. Con tanta cautela guardó la castidad, que frenaba, por to­ dos los medios que estaban a su alcance, los ímpetus y mo­ vimientos carnales que pueden mancillar el pudor' virginal. El demonio Asmodeo, príncipe de toda torpeza, mortificó y abofeteó al siervo de Dios durante muchos años con los estí­ mulos de la carne de tal manera que, como él mismo mani­ festó a su confesor, hubiera preferido sufrir los tormentos del purgatorio, antes que ser atormentado de un modo tan feo y atroz. Y bien puede darse crédito a su palabra, pues a causa de este tormento, no le quedaron de su cuerpo más que los huesos y la piel, como a otro Job. Pero compadecido el Señor de su fiel servidor, le sacó victorioso y triunfante de su ene­ migo en esta larga y terrible lucha, y pudo cantar la palino­ dia a tan inmundo espíritu. Llegó al término de su carrera en el convento de Tamari- te, y su alma voló al reino de los bienaventurados, en el año del Señor de 1687, a recibir el premio por Dios prometido a los que perseveran hasta el fin. — 147 —

RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz