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95 indios tocar y bailar bonito; todos decir: bonito, bonito . Yo bailar también mucho bonito, yo bailar»; y se fué a bailar. finalmente, llegada la hora de la fiesta de la Iglesia, se reunen en la capilla, y el Padre misionero les canta la Misa y les predica, siguiendo después la procesión, llevando en andas al Patrón. La procesión es un acto muy curioso . Los indios toman al Santo y echan a correr, y el Padre misionero, revestido con capa, corre también detrás de ellos ; junto al Santo van muchos grupos de indios disparando tiros con sus escopetas de caza; las indias van detrás del Santo, repicando su desafinado tambor y cantando las mismas coplas que cantan en los bailes; de vez en cuando sueltan un ¡viva!, que es contestado por todos con singular entusiasmo. Todo esto suelen hacerlo muy graves, como lo pide el caso. Terminada la procesión, se entra en la capilla y se cantan los gozos del Santo , y luego se sientan todos en el suelo, y el Padre les vuelve a predicar del Santo. Este sermón suele ser no pocas veces interrumpido por algún indio, para confirmar lo que el Padre predica. A este propósito tomamos de una relación de un misionero lo siguiente: «Mientras les hablaba tenía enfrente dos indios que confirmaban cuanto yo iba diciendo, exclamando en alta voz : «Así es: Padre decir verdad; nosotros querer mucho San Antonio; San Antonio querer mucho indios arhuacos; San -Antonio hacer muchos milagros con indios arhuacos; San Antonio favorecer mucho a nosotros», y otras cosas por el estilo». Terminada la función de Iglesia, van a bailar y beber «guarapo» hasta que se acaba, que entonces es cuando terminan las fiestas. Nuestros misioneros, que conocían ya bastante bien a los indios g uajiros y arhuacos, no podían dar ningún detalle de los indios motilones; así, pues, escribe el P . Valdeviejas al P . Provin– cial lo siguiente: «De los indios motilones nada le puedo decir, porque no he podido penetrar; pues como Colombia les ha hecho varias veces fuego, ellos han dicho que cuantos entren en su terri– torio, otros tantos morirán, por eso nadie se atreve ir allí; pero yo tengo el propósito de ver si puedo entrar por Venezuela, donde, según noticias, tienen ellos comercio con aquellos habitantes. Mu– chos de estos indios son carnívoros, y por esto estoy tomando las medidas que dicta la prudencia cristiana; al efecto, espero en Dios y en nuestra excelsa Patrona la Divina Pastora, enarbolaré su estandarte en aquell os bosques y breñas» < 1 >. (1 ) Fragmenlo de una carla dirigi da ol Provi ncial en 30 de oclubre de 1890. A. P. C. V.

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