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labios; iba vestido con el háJbito y llevaba un maletín y un paraguas en la mano. Con el padre Arcángel llevaban también a fray Eusta– quio de Villalquite (fray Eusebio de Saludes), que iba vestido de seglar. Delante de ellos iba un miliciano profiriendo insultos y otros los custodia:ban. A otros relig1osos del convento los llevaban por la calle de Ezcurdia~ paralela a la nuestra, según dijeron entonces mismo aquí en nuestra casa.• (Manuela Lorenzo.) «En la Inspección municipal, establecida entonces en la calle de Jovellanos, junto a la playa, a donde fui conducido desde mi pose– sión El Llano por el Frente Popular el año de 1936, luego del Alza– miento Nacional encontré a varios padres y hermanos Capuchinos; me parece que eran tres padres y tres hermanos, pertenecientes a este convento -de la villa de Gijón. En la Inspección, tanto ellos como yo estuvimos pocos días, porque el local era sumamente redu– cido para contener a tanta gente como habían detenido. Por eso muy pronto nos llevaron a la Residencia de los padres Jesuitas, convertida en cárcel por el Frente !Popular. Los Capuchinos en la cárcel se portaban muy bien y eran muy buenos compañeros. Ellos, con algunos padres Jesuitas y varios jóvenes católicos, formábamos un grupo en el cual se hacían varios rezos, especialmente el santo rosario, dirigidos por los Capuchinos. Confesaban a cuantos les pe– dían -confesión.> (José Fresno.) «Estuve preso por el Frente Popular en la ig.lesia de los padres Jesuitas de Gijón desde el 21 de juUo hasta el 12 de agosto ... En los .traslados de uno a otro lugar de prisión, los insultos a los presos eran inexplicables por lo soeces, especialmente contra el clero.> «Los Capuchinos, en la prisión eran muy buenos. Estábamos en– tre los presos cuatro obreros solamente, y con nosotros repartían los alimentos. que a ellos les llevaban. Ellos dirigían también los re– zos con la invocación: Madre de Covadonga, sálvanos y salva a España. Siempre los vi muy tranquilos, y nos animaban a nosotros a estar también tranquilos y a sufrir con paciencia y resignación aquellos sufl1mientos.» (Emilio Alvarez.) cEI año de 1936 estuve preso ·por el Frente Popular, primero en la Residencia de padres Jesuitas de esta villa de Gijón, y dos dias en la iglesia parroquial de San José de esta villa. Conocí a varios religiosos Capuchinos del convento de esta población, encarcelados también por los del Frente Popular. A los que más traté fueron al padre Arcángel y el hermano Cocinerín, como solian llamar a fray Eustaquio. Durante los días que estuve preso con ellos, noté que eran muy ejemplares, consolando y alentando siempre a los otros en– carcelados. En la cárcel tuvimos que dividirnos en grupos para po– der rezar nuestras oraciones y encomendarnos a Dios. Nuestro grupo 54

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