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cuando se abraza de veras con la Cruz. ¡Bendito sea Dios, que me da esta ocasión para mostrarle mi amor! En las obras es en donde se conoce el amor; por eso yo me abrazo de lleno con la voluntad de Dios. Abrazáos también vosotros de veras, como buenos cristianos que sois, y fervorosos católicos, y de esta forma será completa la obla– ción hecha al Señor. Hemos de estar seguros de que Dios premiará grandemente estos pequeños sacrificios, y aún en la tierra, pero, sobre todo, en el cielo. Además, ¿quién sabe si Dios no quiere más que el sacrüicio de la voluntad, y como en Isaac no pasa a la ejecución? De todas formas que sea, estoy completamente d1spuesto con lavo– .1untad de mis Superiores, y por lo tanto con la de Dios. «NO hay me– jor medio para no errar que obedecer.» Rogad, si, rog.ad al Buen Jesús para que ya que El se ha dignado exigirme este pequefl.o sa– crificio, sea El también quien me dé fuerzas para llevarlo adelante., Después de escribir la hermosa cuanto edificante carta anterior -partió para el Noviciado de Aranjuez, iniciando enseguida los añ.os de probación para hermano coadjutor. Mas también allí, en aquel otro remanso de paz y de amor le tenía el Señor dispuesta otra cruz, por el momento, más dolorosa y pesada que la anterior, viendo en– tonces definitivamente tronchadas todas las ilusiones de ser misio– nero. Aquella tartamudez persistente y de seguro otras razones que mucho pesaban en la mente de sus Superiores, bien a pesar de ellos, 1es constriñó a manüestar al pobre novicio Serrano que no era la voluntad de Dios que continuara por más tiempo en la Compañia, aún como hermano coadjutor. ¡IPobre Emilio! ¡Cuánto se complace el Se– ñor en que con la cruz le pruebes tu desinteresado amor! ¡Adorables juicios de Dios! Por segunda vez tiene que abandonar la casa, el Arca Santa, en la que con tanto regocijo había entrado! "Primeramente él, e inmediatamtnte el padre maestro de novicios, se encargan de parti.cipárselo a sus cristianos padres en cartas, que, rezuma amor inmenso al sacrüicio la de Emilio, y laudatoria para él la del padre maestro. La primera está fechada en Aranjuez el 27 de enero de 1928, cuando Emilio aún no habia cumplido los dieciocho años, y en ella dice: «Mis amadisimos papás: Vuestro úntco deseo, como decís en todas vuestras cartas, es el verme cumpliendo la voluntad de Dios, y que vuestra mira está puesta sólo en el bienestar de mi alma. Bien decís, ya que toda nuestra dicha ha de estar resumida en estas palabras: «Amar a Dios haciendo siempre su santísima voluntad, aunque el cumplirla nos cueste el m(Lyor sacrificio., No está, pues, nuestra felicidad allí donde se sienten consuelos y alegrías exterio– res, sino donde, aunque se parta el corazón de dolor, llena el alma de paz sobr·enatural, conoce la voluntad de Dios "368

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