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cuidado solícito de animales domésticos. Por eso mismo, le destinan, después de la profesión, otra vez, al ·convento de El Pardo, con el fin de que cultive la extensa huerta y se preocupe de no pocos animales domésticos necesarios para el sostenimiento del colegio seráfico y– de los religiosos destinados a la educación de los aspirantes al estado religioso. Fray Gabriel parte del convento de Montehano, sagrado refugio donde ha perfeccionado las virtudes ya practicadas en el siglo, y ha aprendido las obligaciones que como a religioso le incumben desde· el momento de su profesión, y endereza sus pasos al convento-coleg~o de El Pardo, en donde, con el mérito de la obediencia, se entrega al duro trabajo de la agricultura, con alma, vida y corazón, plenamente persuadido de que allí ya no sirve a los hombres sino a Dios. Este pensamiento será su sostén durante los veinticuatro años que per– manecerá en el rudo trabajo. Que fray Gabriel cumplió no sólo como bueno, sino también como óptimo, sus obligaciones bajo el lema prác~co de ora et labora, ora y trabaja, lo dicen cuantos religiosos con él convivieron, dando testimonio fehaciente de que en el cumplimiento de sus obligaciones fué modelo perfecto y acabado de religiosos. Trasladamos a estas páginas algunos testimonios muy elocuentes. «Fray Gabriel estuvo dedicado casi toda su vida religiosa a cul– tivar la muy grande huerta del convento de El Pardo. En la misma, y en calidad de hortelano, tenia que ararla toda con un par de· mulas, sembrarla, cuidar de las mulas y de las vacas de leche que había para sostenimiento de los niños del Seminario Seráfico, aten.– der a varios animales de cerda, matarlos, acondicionar las carnes, etcétera, etc. Un trabajo inmenso. El bueno y abnegado hermano estaba completamente quemado de los soles y de los fríos de verano e invierno, respectivamente. Pero el inmenso y continuo trabajo de la huerta no le absorbía de tal manera que no tuviera libertad de espíritu para elevarse a Dios y llevar una vida verdaderamente piadosa. A las cuatro de la mañana se levantaba todos los días, iba a la huerta, extraía la leche de las vacas, echaba de comer a éstas y a los otros animales y luego iba a hacer la oración mental, a comulgar y a oír misa. Después, otra vez al duro trabajo, sin quejarse nunca del continuo peso que soportaba. Los domingos, que tenia un poco más de tiempo libre, los ocupaba en oraciones y en otros devotos ejercicios de piedad.» (Fray Agustín de Muez.) «Fray Gabriel estuvo casi siempre, por orden de los Superiores, dedicado al pesado trabajo de la huerta: con él me tocó trabajar en dicho empleo. Fué en todo momento fiel cumplidor del deber; 316

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