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ba: «No puedo, porque mi Regla me lo prohibe.-. Yo interpreté este acto del padre Domitilo como un acto de delicadeza, de conciencia y de amor al santo hábito. Con él conviví quince dias, dándome cuenta de que observaba una conducta intachable como religioso.» (Pbro. don Rosendo Mazuelas.) V Detenido por los marxistas.-A la iglesia-cárcel de Can– dás.-Piedad, apostolado y consuelo en la cárcel.-No salgo si no dejan salir a éstos.-Puedo descolgarme por aquella ventana.-Siempre con el hábito «Cierta noche, como a las diez, vinieron varios marxistas armados, y se llevaron a Pepín a Candás, y a otro amigo suyo que le acom– pafí.aba. Estaban cenando, y en la mesa estaba también el padre Domitilo vestido de hábito. Se fijaron en él, pero nada le dijeron. Al día siguiente, como los que llevaron a Pepín dijeron en Candás que había un fraile en Bocines, vinieron cinco pistoleros a prender al padre Domitilo, como a las cinco de la mañana. Yo fui a llamarle, y me contestó que ya se estaba vistiendo ; salió y se presentó ante ellos, les pidió permiw para lavarse y para desayunar. Le autori– zaron; y él desayunó, y dejó la mitad. Luego yo dije a los pistoleros, cque cómo se metían con los religiosos siendo tan buenos y traba– jando por el bien de Espafí.a y de todos.» Ellos entonces respondieron: «El Pirata (así llamaban al barco de guerra de los nacionales el Cervera) está dirigido, y desde allí disparan estos sayones.-.. »Al partir el padre en medio de los milicianos se despidió de mí, diciéndome: «Adiós, don Diego, hasta la eternidad, porque a mí me van a matar.-.. Esta.s palabras las ponunció muy tanquilo. También le oímos decir que todos los dias, cuando celebraba la santa misa, se ofrecía a Dios y le ofrecía su vida si era necesario para salvar a Espafí.a. · -.cuando vinieron a prender al padre les preguntamos: cQué ha sido de Pepín.> Ellos respondieron: cEse ya fué a paseo.-. Por oír esta frase comprendió que a él también le mataban. Para llevarle a Candás, el tiempo que tuvo que tr a pie, le forzaron a ir corriendo. >De nuestra casa se le llevaban todos los días alimentos y tam– bién ropa limpia. Las hijas y la sefí.or a de la casa (para el sefí.or era sumamente peligroso) íbamos en persona a visitarle y a llevarle los alimentos y la ropa. Al llegar nosotras era inmensa la alegria que 265

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