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Dios, haciendo a todos reflexiones encaminadas a esperar de Dios que le había de llevar al cielo; que a todos nosotros nos llevaría también si cumpUamos con nuestros deberes. Esto mismo le llevaba a ser muy providencialista, y asi entonces nos decía que en todo debíamos ver la mano de Dios.:. «Puedo citar como muestra de la esperanza del siervo de Dios el siguiente caso: Mis relaciones .con el que hoy es mi marido 'Y con el que soy felicísima se interrumpieron, cr-eyendo yo entonces que me llamaba Dios al estado religioso. Llegué a decir al padre que estaba. ciego al no ver mi vocación, que yo creía tan clara. El me dijo que pusiera el caso con total y ciega confianza en manos de Nuestra Sefiora, porque Ella necesariamente me lo res-olverla bien. He de decir que me lo ha resuelto maravillosamnte y que el padre tenía toda la razón.~ · «Tan seguro estaba de que Dios le daría las ayudas necesarias para ir al cielo, que a mí me dijo más de una vez, tratando de llevar tranquilidad a mi alma, que él desde el cielo me ayudarla, si Dios le llevaba allá antes que a mí; y de esa esperanza teologal surgió en él una confianza ilimitada en Dios para todas las cosas.l> No fué menor que las dos ~rtudes teologales anteriores en el siervo de Dios, la virtud de la caridad en su doble aspecto; es decir, como amor de Dios y como caridad para con el prójimo. «Sentía el ardor de la oearidad .para con Dios, pues que el amor hacia El era el móvil que le guiaba en el cumplimiento de sus deberes, tal como lo demostró en lo que él nos ensefiaba y en lo que veíamos: que prac– ticaba.» «Tema •Principal de sus predicaciones era el amor de Dios que él sentía y hacia sentir a sus oyentes por el fervor con que trataba estos temas. Además era el amor de Dios lo que le hacía estar siem– pre vigilante para cumplir con suS' deberes y crecer en la perfección -en la que siempre pensaba .~ «En cuanto al amor de Dios del padre Andrés puedo decir, por mi experiencia de dirigida, que tenia un horror santo a que pudié– ramos vivir en culpa, aunque fuera venial, e incluso en simple in– tranquilidad de conciencia, y repetidas veces me decía: «Hija mía, no te importe día ni hora, ni cualquier otra circunstancia, siempre que necesites tranquilizar tu espíritu ., «También me consta que la caridad para con Dios estaba en él muy arraigada, porque -eran tales las cosas que a mí me decía en este aspecto, para que yo amara a Dios, que si él no le amara no podría decírmelas.» El amor a Dios, visible solamente por la obra de la creación y por la virtud de la fe, t1ene solemne manifestación en el amor al 22

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