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V Pablito, blastema.-Detenido por los milicianos.- Des– cubierta su condición de religioso.-Consider (I.do como espía.-Preso a Madrid.-En los domicilios Orcasitas y Castañeda. Bonanctblemente se deslizaba, en apariencia, el tiempo para el padre Carlos; pero ningún sagaz observador de su situación duda:rá que aquéllo no podía prolongarse indefinidamente, en medio de hombres sin cultura, sin principios religiosos, acostumbrados a rene– gar de· Dios y de todo lo santo, pronunciando las cosas sagradas sola– mente para escarnecerlas y blasfemar del nombre adorable del Señor. Y así sucedió, efectivamente, pues cierto dia, terminados los traba– jos en las piScinas, uno de los empleados, a boca jarro, dijo al siervo de Dios: -Pablito, blasfema... Pablito, como fácilmente se supone, no blasfemó. Pero firmó a la larga o a la corta, su sentencia de muerte, con la respuesta: -¿Te atreverías tú a hablar mal de tu padre y a insultarle? -¡De ninguna manera! -Pues, ¿cómo qui9T'es que diga yo esas cosas contra Dios, que es nuestro verdadero padre? - Este es fascista; hay que cogerle y darle el paseo. Después de este breve y gxave lance, en que el padre Carlos volvió por la honra de Dios y senciUamente confesó sus creencias religio– sas, fué inmediatamente detentdo y llevado a la cárcel de El Esco– rial de Abajo, y presentado ante el tribunal que alli funcionaba, manifestando llanamente que era religioso Capuchino de El Pardo. Hecha esta valiosa confesión, otra vez lo recluyeron en la cárcel, donde estuvo más o menos un mes, al cabo del cual lo trasladaron a El Escorial de Arriba, en calidad de detenido, y bajo la custodia del Estado Mayor Militar erojo:.. Los militares rojos juzgaron que el padre Carlos era un espia de los Nactonales, coaligado con la señorita Orcasitas, y luego con el padre Sixto de Pesquera. Por eso, en coche particular, acompañado de varios militares, le trasladaron a Madrid, registraron la casa de la familia y sometieron a minucioso interrogatorio a la señorita Ma– ría. Pero ella tuvo gran precaución en sus declaraciones para no nom– brar al padre Carlos como tal padre, sino que se refirió a él desig– nándole con el nombre de Pablo, como habían convenido en llamarle 227

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