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prender en un desfallecimiento con respecto a estas dos virtudes. Prof~saba del propio modo gran cariñ.o a las glorias y tradiciones de la Orden. En su labor como profesor y educador eran de admirar la sencillez al mismo tiempo que la inteligencia, la amabilidad y el tino que sabia fundir armoniosamente en su trato con alumnos y profesores. Su caridad tenía, además, manifestaciones singulares en el tempre siempre igual de fineza, espíritu delicado, indulgencia,. abnegación y sincero deseo de servir a los otros en sus menesteres.»– (Padre Mawricio de Begorña.) IV Dos años en Irlanda.-Otra vez profesor del Seminario Seráfico.-Guardián del convento de El Pardo.-Supe– rior caritativo, ejempl(Lr y prudente.-Contiado en la divina •Providencia. No pasaron desapercibidas a la mirada vigilante de los Superio– res las vir-tudes y las buenas cualidades pedagógicas del joven pro– fesor: aquella prudencia, aquella serenidad, aquella amabilidad atra– yente y cautivadora; la facilidad con que se acomodaba ~ los discí– pulos menos dotados-, la ejemplaridad de su vida y e l dominio per– fecto de su carácter, claramente indicaban que estaba adornado de las dotes deseables para ser un perfecto educador de niñ.os y adolescentes que iniciaban el camino de la ciencia y de la virtud, para más tarde abraza:r plenamente la vida religiosa. Para propor– cionarle ocasión de ampliar conocimientos experimentales y adqui– rir más experiencia educacional fué enviado a Irlanda por espacio de dos añ.os, durante los cuales aprendió el inglés y enseñ.ó castellano en los colegios Capuchinos irlandeses. . Vuelto a la Patria ocupó nuevamente el puesto de profesor en el Seminario Seráfico, desempeñ.ándolo con mayor competencia y con la misma asiduidad y abnegada dedicación, hasta te-rminar el curso de 1933-1934. En el mes d:e julio del último afio fué nombrado guardián o Superior del mismo convento de El Pardo, oficio que extendía su ra– d~o de acción no sólo a la comunidad, sino también al plantel edu– cacional del Seminario, en tiempos sumamente delicados por los desmanes y atropellos cada dia más graves del régimen republicano. Según testimonio de los que entonces eran solamente niñ.os del Co– legio y de los que más tarde fueron súbditos suyos, el siervo de Dios se interesaba por todos, haciéndoles experimenta-r sensiblemente la 207

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