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las grandezas de la vocación religiosa. Y aunque el otro partió, él permaneció siempre fiel al llamamiento divino. Por aquella época realizó el candoroso teólogo un acto que cla– ramente demuestra su caridad bonachona y un tanto infantil, a propósito para incluirle en las Florecillas de San Francisco. Es del tenor siguiente: Cuando en el Colegio había algún estudiante en– f;ermo de dolencias no graves, los condiscípulos, por turno, desempe– ñaban el oficio de enfermeros. Fray Alejandro empezó también su turno ~on un estudiante enfermo. El cándido enfermero había oido decir que el azúcar era muy alW1enticto y eficaz pa:ra repamr fuer– zas y convalecer pronto. Persuadido de ello, cuando cierto dia fué a buscar la comida del mediodía para el enfermo, ni tardo ni pere– zoso se acercó en la cooina al depósito del azúcar, que entonces no estaba restringido, y echó a su gusto una gran cantidad en la taza de la sopa, que era de caldo y grasa. Al notarlo el enfermo y al mos– trar su extrañeza, con la máxima ingenuidad le dice fray Alejan– dro: cTiene la sopa, efectivamente, mucho azúcar; pero tómesela, tómesela que es muy buena para reponerse· pronto; para eso .se lo he echado yo.~ (Padre Aurelio de Pereña.) De la Vida edificante y muy ejemplar del siervo de Dios hablan elocuentemente las notas obtenidas en la conducta y en la aplica– ción al estudio. Teniendo a la vista las calificaciones en conducta, dan por resultado cuatro puntos y medio, siendo cinco la máxima. En cuanto a la ~iencia, varios cursos tuvo la nota sobresaliente y siempre se aproximó más a ella que a la notable, por lo cual justa– mente puede clasütcársele entre los cum laude probatus. 'El 11 de enero del año 1923 hizo la profesión solemne. (Acta de profesión so– lemne.) In Ministro del Señor.-Protesor del Seminario Serático.– Sólida piedad.-Amante die la santísima Eucaristía.-Ca– ritativo.- Devoto de la Virgen. Fray Alejandro ha remontado la cumbre de sus legítimas aspi– raciones, viendo coronados los esfuerzos y sacrificios realizados per– severantemente durante trece años con la consagración sacerdotal recibida el 10 de diciembre del año 1926. Inmediatamente, los Supe– riores le destina:ron a la enseñanza en el Seminario Seráfico de El Pardo, y en él permanecerá hasta su muerte, salvo un breve parén– tesis, que más adelante encontrará el lector. 205

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