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guna parte, .tampoco lo estuvo el dueño del piso benefactor del padre Ambrosio, pues el día 14 de noviembre del 36 fué detenido don Celso de la Cruz, y con él lo fué también el siervo de Dios. El mismo señor cuerno va a referir los hechos. «Así vivió en nuestra casa, edificá.'Ildonos con su conducta y com– portamiento, hasta el día 14 de noviembre, día en que, en las pri– meras horas de la tarde, se presentaron en mi casa dos agentes de la Dirección General de Seguridad para detenerme. El padre Am– brosio, avisado por mi mujer de que esta:ban registrando la casa, se levantó, pues estaba descansando; pero en vez de subir al piso de mis hermanas como muy bien lo podía haber hecho se fué a una habitación conttgua a mi despacho, entusiasmado aparentemente con la lectura de una novela de Pereda. Terminado el registro del despacho, se acercó al padre Ambrosio uno de los a;gentes para identificar su persona. /1. la pregunta del ág.ente contestó el padre Ambrosio, según antes habíamos convenido, que había venido de San Sebastián días. a111tes de estallar el Movimiento, que era a,g.ente de comercio y pariente de mi mujer. Pero sus palabras ni parecieron claras ni satisfactorias al agente. Por eso, en son de broma, dijo: «¿Con que de San Sebastián? Seguramente algún requeté huido de allí en los primeros días de la algazara militar.» «Nada más inexac– to-replicó el padre Ambrosio-; ya les he dtcho -que llegué a San– tander antes del Movmiiento, cuando todavía en San Sebastiá.'Il se vivían días de calma. He venido por motivos profesionales.>> Y al mismo tiempo alargaba su cédula, en que aparecía como viajante de profesión. Mas al intentar sacar la cédula que tenía a su nombre se le cayó la del dueño del hotel Victoria, ya fallecido. Percatados de elio los dos agentes, le preguntaron.: «Cómo, ¿dos cédulas con dí– versos nombres y diversas profestones? ...» El padre Ambrosio no supo justificarse satisfactoriamente, por lo que los agentes, más intri– gados cada vez, decidieron, para aclarar las cosas, llevarle junta– mente conmtg.o a la Comisaría, añadiendo: «En la Comisaria decla– rará.» «¿No han venido ustedes únicamente, para detenerme a mí? -les dije-. ¿Pues por qué han de llevarle también a él?» Todo fué inútil. »Sobre las siete de la tarde de un sábado 14 de novtembre, a am– bos, despidiéndonos de mi familia, nos llevaron separados a la co– misaria o checa presidida por Neila. El padre Ambrosio fué llevado a un sótano, en donde se · encontraban otros detenidos. Un guardia le llamó a las dos de la madrugada para conducirle a la presencia de Neila, quien le sometió a un interrogatorio, cuyos térmtnos com– pletos no conozco, pero sé con toda certeza, porque después me lo manifestó el padre Ambrosio, que declaró su ca'lidad de sacerdote Y 163

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