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.sentía muy al vivo; y también recuerda cómo, por la impresión que aquella plática les hizo a todos, una de las personas a.sistentes rom– pió a llorar, y entonces el siervo de Dios la dijo: «Quiera Dios que esas lágrimas le aprovechen para la salvación de su alma.» (Marta Teresa Balboa.) La otra faceta tuvo lugar cuando empezaron los momentos más trágicos por los que atravesó España el año 1936 y siguientes. Era el mes de julio; había estallado el Movimiento salvador de la na– ción; los padres del convento de JesÚS se encontraban en la azotea en fraternal recreación cuando Uegó el padre Manila y, entusias– mado, exclamó: «Ante todo, viva el Corazón de Jesús» ; y luego re– firió lo que él sabia en orden al desarrollo de los acontecimientos. (Padre Víñayo.) En páginas anterio11es se ha dejado. consignado que el siervo de Dios pertenecía a una familia muy acomodada. Y aunque él como religioso, hecha la profesión solemne, tenia incapacidad jurídica para heredar, fué, con todo, autorizado debidamente para aceptar la parte que le corr.espondiese de no haber sido religioso de votos so– lemnes, tanto a la muerte de su padre como a la de su madre. La de éste ocurrió por el año <le 1930, y sabemos que tuvo parte en la he– l'encia de su madre, con facultad para distribuir los bienes hereda– dos. Una carta laudatoria de la Secretaria de Estado del Vaticano revela gue envió una cantidad a la Santa Sede y, al parecer, no fué la primera vez que contribuyó al óvolo de San Pedro. Así lo com– prenderá el lector atento que lea el siguiente documento: «Secreta– ría de Estado de Su Santidad.---Del Vaticano, día 22 de marzo de 1931. Reverendísimo padre: Muy elocuentemente ha.s manifestado tu pie– dad hacia el Beatísimo Padre con la limosna de San Pedro que poco ha enytaste con ocasión de la muerte de tu madre. Este nuevo y .singular avgumento y solicitud para llenar las nece&idades de la .Santa Sede lo ha recibido con paternal y ánimo agradecido el Au– gusto Pontífice. Mientras con interés ruega a la Divina Bondad por .el alma de tu madre, te otorga a ti muy afectuosamente la bendi– ción apostólica. Al comunicarte estas cosas, gustosamente aprovecho Ja ocasión para ofrecerme a tl.-E. Card. Pacelli.-Al reverendísimo padre fray José María de Manila, Superior del convento de frailes menores Capuchinos de Salamanca.» · 145

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