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63 Fray Emiliano de Cantalapiedra / ....... . •••••••••••••••••••••··•••••····•••·••••••·•••••••••••••• valle en ese sitio, hermoso y agradable hasta no más. Todo esto quedaba a once kilómetros del Tukuko. Tardamos dos horas en llegar. Pasamos allí todo el día. Al caer la tarde, después de rezar una Salve a la Santísima Virgen del Camino y pedir por los hermanos barí, emprendemos el regreso. Al Tukuko llegamos de noche, pero muy contentos y satisfechos de pasar un día en sitio tan agradable. Quedamos con deseos de volver cuanto antes. En el mes de enero, a poco de llegar, tuvimos el día de la Infancia Misionera, nos acompañó Mons. Castillo Toro, delegado de las Obras Misionales Pontificias y trajo, como regalo, una hermosa imagen de Ntra. Sra. de Coromoto. (que es la que ha estado desde entonces en la iglesia) Después de la Santa Misa que celebró él, bendijo la imagen y la entregó a los yukpas. La iglesia estaba llena a más no poder. Todos estábamos emocionados y agradecidos por tan hermoso regalo. Los yukpas dieron a monseñor artesanías hechas por sus propias manos. El ilustre visitante prometió volver para recordar este día memorable. A poco de marchar Mons. Castillo vino el superior provincial de los hermanos de la Salle, acompañado de algunos hermanos. Venían a conocer la Misión, tenían deseos de hacerse cargo del internado de varones y de la escuela. A la larga estos buenos deseos no se concretaron. Los capuchinos seguimos atendiendo el internado de varones y, poco después, la escuela se inscribió en el Ministerio de Educación y se pudieron ir implantando los seis grados de primaria, bajo la dirección de las Hermanas de la Caridad de Santa Ana. Si la venida de los Hermanos de la Salle no se concretó, sí se concretó la venida, desde Salamanca, España, de tres misioneros seglares procedentes de la Acción Católica. Al comienzo vino solamente uno, Cesáreo Barrios, después vendría también su esposa. Finalmente lo hicieron Ezequiel Bonal y José Palomo.

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