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-un banco verde de los que hay en el paseo del Cole– gio- y la coronamos con flores en la veranera... ¡Qué recuerdos! Casi cuando marchaba a Ecuador en Enero del 77 nos vimos en "La Inmaculada•; nos encon– tramos, compartimos... Mamá estaba conmigo, y cuando la vio lloró de emoción, porque fue ella quien me reci– bió cuando empecé a estudiar interna. (...) Ese pequeño cuerpo encerraba un alma gigante, tú bien lo sabes. Aprendí de ella corno de un libro abierto, porque su vi– da fue perenne testimonio de entrega, de abnegación. ¡Inés no conocía el cansancio para entregarse y servir!· (lO-VIII-87). Blanca Myriam Arroyave, terciaria capuchina, evoca los años de Inés en Colombia, en los colegios. el Señor, que nos regala hermanas de verdad, me regaló a Inés en dos ocasiones: en Bolívar y unos años después en Arme– ro. La conocí muy a fondo, guardo gratos recuerdos de ella y ahora como en aquel entonces sigue siendo mi ayuda. Fue siempre la persona generosa, activa en sumo gra– do, nada se le dificultaba, muchas veces se adelantaba cuando se necesitaba la ayuda o la presencia de alguna de las hermanas de la comunidad en algún lugar o cir– cunstancia; leía en su mirada franca y sincera que me decía: ¿Qué necesita? La alegría fue siempre una característica muy espe– cial en ella; con su risa tríscona y sus dichos animaba los recreos. ¿Y qué decir de su pobrez¡¡?..: (Mayo 1988). La misma hermana recuerda su paso por Ecuador. "Cuando estuve en el Ecuador en 1 983 cumpliendo una misión de la Casa Provincial, ella fue mi compañera de gira. Llegamos hasta Loja donde aproveché para dar unas charlas vocacionales en el colegio de los Hnos. Ma– ristas y le di la oportunidad de que comunicara su ex– periencia como misionera en el Oriente ecuatoriano. Transmitió lo que vivía; llevó algunos objetos hechos por los indios. Las chicas quedaron encantadas de ver una religiosa alegre, que trabajaba en su tierra y vivía las exigencias del Evangelio. 117

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