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Nunca habíamos visto el corazón de nuestro herma– no Alejandro tan al vivo corno en ·este momento. Desde su martirio esta carta resulta luminosa, porque es el tes– timonio del hombre sumergido en su debilidad. Con es– ta carta no nos desmerece el humilde Alejandro, ni mu– cho menos. Hemos hablado con misioneros de aquella hora. Sí, Alejandro es tenaz; con él tuvieron dificultades... Es te– naz porque es una persona de sólidas ideas; pero, por encima de todo, Alejandro es humilde y tiene un cora– zón lleno de amor. Fue la noche oscura; fue la purificación íntima, sua– ve y amorosa, del P. Alejandro que quiere servir y que, si opta por retirarse de la responsabilidad, no es por co– bardía ni por despecho, sino porque supone que eso se– rá lo mejor para todos. El dolor callado de su corazón, aparte de sus confidentes espirituales, él se lo llevó con– sigo. La carta llegó a Roma. En ausencia del P. General respondió el Procurador general de la Orden, P. Juan Bautista de Famese: *no nos oponemos a su petición..: (18-11-69); pero debía tramitar el asunto personalmente ante la Nunciatura Apostólica de Quito. Así lo hace en– viando copia de la carta dirigida al P. General. Y añade: "Para su información personal, a las razones ya expues– tas podria añadirse que tampoco reporto contribuciones de valor a la Conferencia Episcopal y tampoco creo te– ner ambiente en los miembros de la misma• (2-III-69). Efectivamente el P. Alejandro está pasando por una do– lorosa prueba. La aceptación se hizo esperar. Está fechada el 11 de junio de 1970. Su sucesor había de ser el que en aque– llos momentos es el Procurador de la misión, P. Jesús Langarica, que tomaría posesión del cargo el 1 de octu– bre. Pero en todo aquel periodo de 1969 y 1970 el P. Ale– jandro no se inhibió. Siguió trabajando en las funciones de su plena responsabilidad eclesiástica. Las lineas y proyectos pastorales se fueron cumpliendo. Incluso la 103

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