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Buganey se puso a la cabeza de todos, cargada con el pequeño a la espalda, una shigra en la cabeza y otro niño del brazo. Detrás venía yo, seguido de Canta, que Heva en la espalda ún mono maquisapa y mas atrás el niño mayorcito. No habríamos andado medio kilómetro, cuando el helicóptero prendió los motores, sobrevoló sobre nosotros y se alejó. Buganey me dio a entender que debíamos seguir adelante, y cuando, pasada una pequeña quebrada, subíamos la pendiente, el maquisapa dio un grito y se soltó de Canta para subirse a un árbol. Me dieron a entender que el mono había olido al tigre y tuvo miedo. Buganey habló suavemen– te al animal desde el pie del árbol; éste se decidió a bajar y caminó unos 20 metros de la mano de la Sra. Buganey, quien de nuevo lo con– fió a su hija Conta. El manto de la noche se cernía sobre el abandona– do bohío cuando nos acogió en su soledad. Buganey preparó el fogón, extendió las hamacas y me señaló mi puesto, el mismo donde dormí la primera vez. Al poco tiempo se pre– sentaron jadeantes Peigo, Araba, Quemomuni, Huane, Yacata y, por fin, el esposo de Buganey. Este, sin duda para tranquilizarme, me dice que mañana vendrán "mis padres" y que todos dormiremos aquí. La vigilia. La noche estuvo muy animada con relatos, cuentos y gritos. Esta noche tomó muchas veces la palabra Buganey, ora refiriendo los acon– tecimientos del día, ora otros relatos que no acertaba a distinguir, pero que todos escuchaban con mucha atención, celebrando a veces alboro– zados sus gracias. A media noche, por la madrugada y al amanecer en– tonó y cantó las letanías su esposo Ornpura. También me invitaron a cantar e intenté aprovechar cada oportunidad para hacer de mi canto una oración. Recibo a "mis padres". A media mañana del 3 de enero los Huaorani me advierten con to– do interés de que "mis padres" están próximos a llegar y que salga a recibirlos. Esta vez salgo yo solo hasta las afueras de la casa para dar– les la bienvenida. Mi madre Pahua me saluda, hablándome emociona– da, manifestándome la sinceridad de sus sentimientos maternales; mi padre Inihua, pocas palabras, pero un corazón muy acogedor. Posteriormente llegan Nampahuoe, Cai y otros. 49

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