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Conozco la zona y me interno en la selva para dirigirme a las ca– sas de mis padres y de la familia Cai, a quienes habíamos visitado en el mes de noviembre subiendo por el río Yasuní. Al aproximarme a las casas se me va encogiendo el corazón porque mis llamadas no consi– guen ninguna respuesta ni se oye ladrar a los perros. Estoy ya en, la chacra de yuca y veo, con gran sorpresa mía, que han quemado ambas casas. Reina una asfixiante soledad amazónica. Con la casa del helipuerto, son tres las casas quemadas. Regreso al helipuerto, donde están esperando los compañeros, y les cuento lo observado. No puedo adelantar explicaciones, y antes de que comience a nacer en nosotros la preocupación y el nerviosismo propongo dirigirnos al río Cahuimeno, distante unos quinientos me– tros, al lugar de nuestro campamento "Huipore onco", donde hemos acampado en nuestros viajes por río. Mi sorpresa es grande cuando descubro que han hecho dos casas nuevas poco más abajo de nuestro campamento, en la misma orilla del Cahuimeno, probablemente para estar más cerca de nosotros. Pero también estas casas de reciente construcción y con chacras incipientes están abandonadas, al parecer desde hace más de una semana. Las nuevas casas están casi juntas, construidas sobre una loma; la hoja hasta el suelo, sin ventanas; dos entradas pequeñas en los extre– mos: una que recoge los primeros rayos del sol naciente y la otra, en el lado opuesto, para despedirlo cariñosamente. Un largo bejuco cruza el patio a todo lo largo y tiene colgado un cráneo de huangana. La casa de Inihua está casi desmantelada; en el suelo unos envol– torios de hoja de plátano, conteniendo restos de la extracción del vene– no "curare". En la de Caí, en un rincón, una hamaca y dos camas he– chas con tabla de chonta. Como en casa abandonada, abundan grillos, garrapatas y pulgas de perro, en cantidad que llama la atención. En el río, completamente seco y atestado de troncos, dos quillas cuidadosa– mente amarradas: la "Chinda" y otra hecha por ellos mismos. Todos comenzamos a preocupamos: ¿Cómo explicar la quema de las casas? ¿Por qué han abandonado las casas relativamente nuevas? Hacia las 11 de la mañana percibimos el ladrido de un perro, segui– do de inquietante silencio. - Por ahí andan, Padre. ¡Avíseles su llegada! - ¡Bulo pomopa! ¡Bulo Capitán Arex! ¡Capitán Memo! ¡Guiñenamai! - grito a pleno pulmón. Pronto percibimos gritos de contestación y ecos de una alegre con– versación a distancia. 117

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