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118 Mtt1J.t1 Vtilifiimo ·confoelo afligida.!~ fea, pavorofa, abominable ! ~en c;res, díme, tizon del fofierno? Eres aquella Señora,que confefso con tal M· siona rio ? Si. ( Se rcJpon~ en nombre de ella el mefino Predícador.)Pues, t:omo has venido a tal e.xtremo de dcfdi– c)1a ? Por qu e ce condenafl:e? Me condent: yorque, no recatandoine de l:i converfa– cíu,1 <le los hombres, comrci vna culpa con vno.Mc; COJ'?¿ene: porque la calle en la con– feision por verguenza. .Y hnálmence 1nc condene: porque haziédome forda a las D:– vinas vozes, la bolvi a callar cambien en la. Mífüon. · Y quanto ha, qoe caiíl:e en el infier– no ? A mi ver, ha mas de cict:1 mil años. Y (J nanto te queda , por padc;cer ? A y, mr– frrab-1 e de mí I Me queda vna eternidad de eternidades . l)ues 9ue, 110 fe han de acabar tos penas ?No Íe han de acabar. Ni de aqui a vn millon·de años? Ni de aqui J miUones üe millones ; que ya no a y para mi mifeiÍ• cordía. Aguard a. No defefperes , que es Jefo-Cluiíl:o infinitamente 171ifc:rkordioio. Allí fb en aquel Sagrado. Pídele, pídele, 9ue te perdone. Dí: Mi[ericordia, Señor. Pero, o Fíeles ! Y qu~ voz tremenda, que fale: Clar,¡a e/f ianu11, Ya e{U cerrada par11, -tj la puma d~ mi ¡pifcricordfa., Scñor,acor- da.o~,
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