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2 ta: retírase también con los apóstoles al desierto de cuando en cuando, para consagrar más tiempo á la contemplación: venite seorsum in desertum locum, et requiescite pusillum. (Marc. VI, 31). ¿Qué diré, Se- ñor, viéndoos tan constante en la oración, yo que soy tan poco amigo de orar, yo que tanta necesidad tengo de hacer bien la oración? Nunca pierde la paz interior: siempre el mismo... afable, modesto, grave... manso y humilde de cora- zón... No hay que buscar momentos propicios para hablarle... siempre le hallan de buen temple... nunca se le ve triste, ni perturbado: non erit tristis, neque turbulentus... ni una vez siquiera habla más alto de lo que conviene: non clamabrt, nec audietur vox ejus foris. (Is. XLII, 2). En suma, el andar, el mirar, el hablar, todo su porte exterior é interior es siempre digno de un Hombre-Dios. ¡Ay, Señor! ¡cuán diferen- te es mi conducta de la vuestra! Nunca se desanima, por más contradicciones que experimente. Vaá Nazareth... pero, non fecit ibi vir- tutes multas... al contrario: scandalizabantur in eo... ¿Y por qué? Escúchenlo aquellos sacerdotes, que se valen de tantos empeños para habitar entre parientes y compatricios... porque non est propheta sine ho- nore, nisi in patria sua, et in domo sua. (Matth. XIII, 57-58). ¡Qué lazos le arman los escribas y fariseos, ut cape- rent eum in sermone! (Luc. XX, 20)... ¡Qué calumnias inventan tan atroces contra él! Llámanle samaritano... bebedor de vino... blastemo... seductor del pueblo... dicen que profana las fiestas, que tiene trato con el demonio. ¡Qué consuelo para ti, Misionero celoso, si alguna vez te vieres inocentemente perseguido por autoridades, que quisieran les permitieses avasallar la Iglesia... ó por ricos avaros, cuyas usuras y escán- dalos hubieses reprobado... ó por sacerdotes indolen- tes, que tratan de reformador indiscreto al que quiere

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