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riscos y arenales , habla Dios, y se ve matizada de verdes praderas, amenizada de gigantescos arboles , bafiada por » el Océano, surcada por mil rios, habitada por un prodi- gioso numero de animales, y, en fin, dominada y sefio- reada por el hombre. ;Qué accion creadora tan instanta- nea en sus efectos, tan extensa en sus resultados! ; Qué fuerza tan inmensa! El cielo con sus innumerables astros, los elementos, la naturaleza animal, las especies, los instintos , cuanto se mueve, cuanto respira, no tiene otro origen que la nada, ni otra causa eficiente que un hdgase del Criador. Pero, sefiores, internémonos en la serie de todas las cosas, y examinemos las tendencias del Rey de la crea- cion, y hemos de ver en El cosas estupendas: ,No veis con qué prontitud el mar que cubria la superficie de la - tierra se ha recogido en su seno y reconocido sus limi- tes en las arenas que Dios le ha demarcado? Pues bien; era el tercer dia del mundo: cuatro dias despues descan- saba ya Dios de todas sus obras; modulabanle los astros canticos de gloria, alegrabanse todas las criaturas, y cuando en la mds completa armonia todo el orbe obede- cia 4 su Criador, se dejé oir una voz altiva que inter- rumpi6 estos acordes con un grito de rebelion. gQuién era, amados mios, este rebelde? El mds querido de los séres, el mas favorécido deb cielo, el hijo predilecto de Dios, el’ hombre. ,Qué complaciente fué el hombre con Dios al verse tan hermoso, al hallar junto 4 si una compaiiera, al oir el susurro de los rios del paraiso, al herir sus oidos los trinos de las aves, al ver & sus plantas al leon fiero, al elefante colosal, al ver, por fin, que él era el Rey de este mundo visible? Pero apénas le dice Dios: «Adérame, pues te he criado; yo no quiero de ti sino tu corazon; obedéceme, come de todas las frutas de la tierra, porque son tuyas, excepto del arbol de la ciencia del bien y del mal;» apénas,repito, habla Dios, el hombre se le-
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