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ve s i de los altos Andes al becerro cual ligera pluma, no son ménos dignos de la proteccion de la Providencia que la sencilla liebre, el pececillo del arroyuelo, el ruisefior de los valles, y el mas pequeiio reptil. Dios los crié & todos, Dios les diera sus instintos, Dios los conserva. We dicas coram angelo: Non est Providentia. Asi es, catélicos: Dios, cuya inmensidad ocupa los. cielos y la tierra, cuida con su Providencia 4 todos los . séres que existen en el espacio, sin que se escapen de su vista conservadora, no sdlo el angel, el hombre’y el bruto,. sino hasta las plantas, los elementos y cuanto existe en ellos. Y sicon prévida mano cuida Dios de sus criaturas, 4cuanto mayor sera su Providencia para conservar lo que, es suyo 6 lo que esta en inmediata relacion con la natu- raleza divina? ,Con qué cuidado tan singular no velara por su Religion y adoracion en la tierra, para que ésta se conserve en el seno de los pueblos que la han recibido, 6 se traslade 4 otros que la acepten cuando algunas nacio- nes la menosprecian? _ En nada resplandece esta providencia universal tanto como en la conservacion de su fé en la tierra; porque en la conservacion del mundo material Dios no tiene obs— taculo alguno: el mar esta contenido en sus diques, la tierra gira sobre sus polos, el cielo y sus astros siguen la marcha que Dios les prefijara, las especies de los anima— les obedecen sus instintos, y toda la naturaleza, 6 descansa 6 se mueve con la imperiosa ley de la necesidad. Pero no: sucede otro tanto con el sostenimiento de la Religion, pues como ésta impera al entendimiento y voluntad hu- manos, como sujeta a aquél al imperio de la Revelacion, y ésta ve condenadas sus demasias por la ley divina, Dios se ve obligado 4 emplear muchas veces medios extra- -ordinarios para conservarla en la tierra, por oponerse @ ella sin cesar la mentira, el error y las voluntades per- versas. saat a Cai Noh
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